22 / junio / 2021 | 00:24 hrs.

Línea 12 y la dimensión (des)conocida

Marcela Gómez Zalce

En la gestión de este gobierno hay muchos sucesos que se contraponen frecuentemente con los deseos y expectativas de Palacio Nacional. El complemento de un problema es cómo resolver el problema, las decisiones que se toman y las acciones que se ejecutan para solucionarlo, y de esta manera reducir las discrepancias destacando la importancia para analizar y revisar cuidadosamente todas las condiciones del problema.

El asunto es que en esta cuatroté hay problemas de razonamiento, problemas de dificultades y problemas de conflictos. Es un gobierno que ha exhibido desorden, descoordinación y negligencia. Los problemas divergentes que tienen un número indeterminado de respuestas posibles dependen de la creatividad de una sola persona que suele enfrascarse cada mañana en conflictos innecesarios para distraer de una realidad que atropella un país entero con su brutalidad.

La tragedia del colapso de la Línea 12 del Metro que ha cobrado hasta hoy 25 muertos y al menos 80 heridos exhibe sin lugar a dudas abandono de responsabilidades claras de un gobierno que está en su tercer año. No sorprende que el presidente en su atril donde juzga a diario no culpara al pasado neoliberal ni a los conservadores, la Ciudad de México es gobernada por la izquierda desde 1997. Lo inquietante es que la nefasta coyuntura diera paso a la maníaca tendencia para el ataque sistemático contra los medios de comunicación y periodistas en lugar del cacareado humanismo, una dosis de empatía y consternación por lo ocurrido.

Pero no. La catástrofe de la Línea 12 exhibió la carrera sucesoria que López Obrador abrió intencionadamente hace meses dejando correr el reparto de culpas que alcanza a su candidata para el 2024, Claudia Sheinbaum. No es ningún secreto que hay un sólido equipo trabajando ya el camino para la Jefa de Gobierno, quien garantiza la continuidad sexenal de López Obrador.

Lo sorprendente es que ante una tragedia —que no incidente— no haya renuncias ni consecuencias contra la titular del Metro más allá del peritaje que deberá aclarar las razones de que se colapsaran los vagones. Esto no es un asunto de cuidar a Florencia Serranía porque en ambos palacios se le quiere y mima. El resultado de su gestión antes de la fatalidad del 3 de mayo es contundente; descarrilamientos, choques, incendios, cortos circuitos, mala relación con el sindicato y desorden en ese transporte público utilizado por millones de capitalinos.

Oponerse a separarla del cargo mientras se llevan a cabo las investigaciones es una mala señal. Es necesario reafirmar el entendimiento de la crisis que debe convertirse en decisiones inmediatas para cambiar la percepción de acciones irreflexivas. Sostener a la funcionaria responsable del mantenimiento y operación del Metro de la Ciudad de México exhibe nula rendición de cuentas, pésimo control de daños e influyentismo.

Con la tragedia a cuestas que ha golpeado la línea de flotación de la cuatroté, el presidente desafía la veda electoral, utiliza irresponsablemente el término golpismo y se le nota desencajado tratando de colocar una agenda distinta a la que impera en la esfera social, política, empresarial, electoral y jurídica. El pleito como punta de lanza no llegará a buen puerto y el disparador de la tensión latente vendrá después de las elecciones.

Gobernar significa tomar decisiones que son producto de circunstancias particulares. En el Metro de la Ciudad de México no hubo un responsable de su mantenimiento por once meses y al parecer se ignoraron los focos rojos. La austeridad, el subejercicio y la negligencia son protagonistas de la desgarradora tragedia; evadir la responsabilidad –que no culpabilidad—no alcanza y agravia a la ciudadanía.

Con los antecedentes de la Línea 12 se asumiría que en el protocolo de la larga transición en 2018 y de la entrega-recepción entre funcionarios habría asuntos importantes en cuanto a condición, seguimiento, operación, mantenimiento y un largo etcétera que incluiría la supervisión metódica y puntual. Optar por la salida de repartir culpas y escalar el conflicto, será un peligroso bumerán que tiene vasos comunicantes con el ámbito empresarial.

El enfoque político de una lejana sucesión es terreno fangoso. Las crisis ponen a prueba a cualquier gobernante y también son el momento cuando la adhesión a principios éticos se muestra más claramente y no hay sucesos o acontecimientos éticos; Hay sucesos que tienen dimensiones políticas, jurídicas, sociales, económicas… y éticas.

Y la tragedia del 3 de mayo es uno de ellos.

POR LA MIRILLA

El asunto del narcotraficante Héctor “el Güero" Palma Salazar tiene varias aristas en la coyuntura actual. Y una de ellas está relacionada con el statu quo en el ámbito criminal.  

@GomezZalce

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