Las otras familias | Querétaro

Las otras familias

Jorge Gutiérrez de Velasco

Contamos con personas con las que se tiene coinci-dencia sanguínea, legal, laboral o artística ...

Seguro una gran mayoría de nosotros hemos leído o escuchado alguna frase, en la que se contabiliza la experiencia de un equipo de trabajo, no por medios cualitativos, sino por medios cuantitativos usando “años de experiencia”, refiriéndose, por ejemplo, al equipo de personas que, con quince, veinte o treinta y cinco años de experiencia, totalizan setenta años, para este ejemplo simple. Frases como: “… este producto ha sido desarrollado gracias a un equipo de trabajo que acumulan, juntos, más de cien años de experiencia…”, por ejemplo. Estas cuantificaciones son verbalmente muy atractivas para diversos fines, y pocas veces hacemos otro tipo de interpretaciones.

Por otro lado, entrando a las definiciones que más nos acercan el título de este texto semanal, de las diez acepciones que el diccionario de la RAE otorga al término familia, quiero quedarme en esta ocasión con aquella que la define como ese “conjunto de personas que comparten alguna condición, opinión y tendencia”, ya leerán por qué.

El pasado viernes, que tuve la fortuna de presentar mi primer libro: #DesdeCabina, en el claustro del antiguo colegio de Santa Rosa de Viterbo en Querétaro, gestado a partir de esta colaboración semanal, abría mi intervención agradeciendo la presencia de familiares, amigos y conocidos con los que tengo coincidencias, afinidades y muchas otras cosas en común que bien puedo cuantificar tanto en calidad como en cantidad de años. Esa breve enumeración de las personas que me acompañaron en la presentación de mi primera obra me hizo reflexionar sobre la gran riqueza con la que contamos la gran mayoría de los seres humanos, al contar con una diversidad de familias conformadas por las personas con las que se tiene coincidencia sanguínea, legal, laboral, artística o deportiva, y que por razones naturales muchas veces se extiende hacia nuevos horizontes conforme crecemos personal o profesionalmente. Es importante aclarar que no me refiero a la edad de las personas, al momento de acumular edades, sino a la cantidad de años que tenemos de conocernos, de trabajar juntos, de compartir una cancha, de rodar juntos, de enriquecernos mutuamente, de crecer como personas y luego entonces, como familias.

Este viernes que comento, coincidieron varias de mis familias; acumulé más de doscientos años producto de los amigos y familiares cercanos que me acompañaron, casi ciento cincuenta años entre las personas que asistieron y con las que coincidí en anteriores trabajos, que sin ser todas, sí me hicieron sentir más que orgulloso, agradecido de seguir contando con su amistad, de seguir compartiendo a lo largo del tiempo y de seguir sumando a nuestras vidas. Contabilicé algunos años apenas con nuevas familias, con personas con las que había coincidido anteriormente, pero con las que ahora me integro a una familia con la que habré de crecer y a la que espero aportar algo.

¿Se imaginan si nos hiciéramos más conscientes de todas esas personas que, atendiendo esa simple definición de afinidad, podemos considerar como familia, como personas que nos aportan y a quienes, para bien o para mal, podemos transformar? Que afortunados somos, y no nos damos cuenta. 

@Jorge_GVR

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