La violencia más deplorable

Paola Rojas

Con la pandemia no solamente hemos visto crecer dramáticamente el número de personas contagiadas y muertas por Covid. Hemos sido también testigos del incremento en las cifras de violencia intrafamiliar. Las mujeres han sido las principales víctimas. Según Fabiola Alanís, titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), las llamadas para denunciar este delito han aumentado un 5.4% desde que inició el confinamiento. No es que no existiera el problema, pero el encierro lo hizo aún más profundo.

También con esta pandemia, que parece interminable, ha crecido el consumo de pornografía infantil. Duele pensar que, como en todos los negocios, si hay más demanda necesitan crear más contenido para ampliar la oferta. No existe una medición certera, pero es fácil inferir que hoy más menores son víctimas de esta tan denigrante explotación, para seguir alimentando a un mercado cuya voracidad se intensifica. El género femenino, otra vez el más afectado. Se estima que una de cada cuatro niñas sufre una violación antes de cumplir los 18 años de edad. En contraste, uno de cada seis niños sufre este tipo de abuso.

Lamentablemente, hay más y más datos que demuestran la terrible situación en que viven y mueren muchos niños en este país. En 5 años, el crecimiento en los feminicidios infantiles ha aumentado un demoledor 96%, según cifras de Secretariado Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). México, por otro lado, se sitúa en el deplorable segundo lugar mundial en turismo sexual infantil.

¿Cómo puede ser posible que en un país con una socio-cultura tan dirigida a la familia suceda esto?

En buena parte se explica porque las más altas esferas del poder han estado coludidas y/o involucradas directamente en estas deleznables prácticas. Consumidores hay en todo el mundo, pero productores solamente en donde la impunidad lo permite. El ejemplo más a la mano, el del exgobernador de Puebla, Mario Marín. Conocido como el “góber precioso”, fue capturado este 3 de febrero en Acapulco. Tenía una orden de aprehensión emitida desde 2019 por el delito de tortura contra Lydia Cacho, la periodista que evidenció la complicidad de su socio Kamel Nacif en redes de pornografía infantil.

Es difícil pensar que los derechos humanos básicos dejarán de ser atropellados por las depravaciones de algunos. Hay mucho dinero en juego, y sobre todo poder. Las maneras inconfesables de entretenerse y satisfacer el hambre sexual son seguramente compartidas por quienes tienen la capacidad de proteger a los promotores de estos delitos. Solo así se explica su auge.

HUERFANITO.—

En redes sociales cada día cobra más fuerza el movimiento #UnVioladorNoSeraGobernador, creado por colectivos de mujeres en contra de la candidatura de Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero. El exalcalde de Acapulco tiene tres acusaciones formales por abuso sexual. Morena, el partido que lo postula, lo ha mantenido como candidato con el planteamiento de que “mientras no exista sentencia, él conserva sus derechos políticos”. No argumentan que sea inocente, solo que no hay sentencia. El detalle es que, en México, según los censos nacionales de procuración de justicia del Inegi, de cada cien denuncias por violencia sexual presentadas a las autoridades, solo cinco llegan a una sentencia.

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