31 / julio / 2021 | 21:04 hrs.

La escuela moderna: BÉLA BARTÓK

Francisco González de Cossío

En nuestra entrega anterior concluimos una serie sobre la escuela italiana y su contribución a la música de los Siglos XIX y XX. Continuamos ahora con un formidable compositor de la escuela moderna: Bartók. Esta escuela, que se inicia a partir de 1900 (fecha arbitraria), intenta romper con el pasado y Bartók se encuentra precisamente en el borde entre la música romántica y la llamada moderna.

Béla Viktor János Bartók nació en el sur de Hungría en 1881 y falleció en Nueva York en 1945, proveniente de una familia de profesores y músicos amateurs. Fue el más importante compositor húngaro del Siglo XX y un gran exponente de la música moderna. Zoltán Kodály, uno de los más destacados músicos húngaros de todos los tiempos, dijo de él: “El nombre de Bartók representa los principios y exigencias de regeneración que provenían del pueblo, tanto en arte como en política”.

Ingresó a la Real Academia de la Música en Budapest en 1899 y desde temprano destacó como pianista. Su primera música fue influenciada por románticos alemanes como Richard Strauss. A partir de 1905, y ya como profesor de reputación, se especializa en música popular tradicional y en las canciones folclóricas. Enriquece su música con los temas, modos y patrones rítmicos de la música folklórica húngara tradicional así como la de otros pueblos y culturas, en sintonía con el auge de los movimientos nacionalistas de la época. Asume entonces la responsabilidad de preservar la memoria musical tradicional de su país. Junto con Kodály, recorre los pueblos de Hungría y Rumanía para registrar melodías y canciones que transcribieron y conservaron.

En segundas nupcias Bartók se casa con la pianista Ditta Pásztory, con quien tuvo un hijo. El compositor abandonó Hungría tras la invasión alemana de Austria y se estableció en Nueva York en 1940, donde llevó una vida precaria.

Su obra más importante y por la cual se le identifica y reconoce, es su Concierto para orquesta, obra singular en tanto que carece de un solista; la orquesta es el solista, por así decirlo, y el nombre que le dio refleja la admiración que tenía por el virtuosismo del director. El Concierto se compone de 5 movimientos, estructura inusual pues los conciertos normalmente tienen 3 movimientos y las sinfonías 4. La Introducción inicia con un tema en cuerdas bajas con trémolo de violín; sigue con un Juego de pares de instrumentos de viento; continúa una Elegía que Bartók llamó ‘canción de muerte lúgubre’; prosigue el famoso Intermezzo Interrotto (Intermedio Interrumpido) con trompetas con sordina, clarinetes y trombones; y la Finale, que culmina, con una coda brillante, una de las mas importantes obras orquestales del Siglo XX.

Otras obras destacadas que recomendamos son: obras para piano solo como Danzas folklóricas rumanas, 3 rondós sobre temas folklóricos y sus 15 canciones de campesinos húngaros; 6 Cuartetos de cuerda (1 a 6); su famoso Concierto para orquesta; Suite de danzas; Concierto para piano No. 3; Dos retratos para violín y orquesta, Op. 5; El Mandarín milagroso (o maravilloso), Op. 19 para orquesta y coros; y Música para cuerdas, percusión y celesta, Sz 106. En esta obra, compuesta para la Orquesta de Cámara Basle, la percusión destaca en el orden rítmico y de timbre, integrando música popular y elementos originales.

En septiembre de 1945 Béla Bartók, tras un largo período de enfermedades, muere de leucemia en Nueva York, a la edad de 64 años, mientras componía su tercer Concierto para piano, mismo que dedicó a Ditta, su esposa.

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