13 / junio / 2021 | 12:10 hrs.

La deuda con Arnoldo

Gerardo Unzueta

Adolfo Sánchez Rebolledo, al recorrer la obra de Antonio Muñoz Molina trajo un tema –“la facultad de recordar y contar”– a la que me referí en mi entrega anterior (El Universal 22/06/013), recordando rasgos de la formación de Arnoldo Martínez Verdugo y otros dirigentes. A lo dicho, Adolfo agregó “la legítima preocupación… por buscar en la memoria las raíces del presente, sin abdicar de aquellos pasajes suprimidos para, supuestamente, no cargar con el fardo de lo dicho y vivido”.

En el proceso de formación del carácter de Arnoldo y otros dirigentes, jugó gran papel la propaganda; en concreto de aquella accesible al pueblo. Encuentro en mi memoria la que hacíamos en las fiestas patrias; aquellas noches en que, bajo la dirección de Los fridos pintábamos carteles con las imágenes de los héroes, que portaríamos mientras gritábamos las consignas del Partido Comunista por las calles hasta llegar al Zócalo. Al mismo tiempo repartíamos volantes, deteniéndonos cuando alguien solicitaba información o quería discutir.

El trabajo entre los jóvenes alcanzó en 1950 significativo éxito: bajo la dirección de Arnoldo tuvo lugar la Conferencia Nacional Juvenil, que resolvió impulsar la organización de la Juventud Comunista. Pasado el entusiasmo de la conferencia, la dirección del partido abandonó el proyecto. Seguíamos comiendo en la fonda baratísima a la que Arnoldo puso el mote “La Tifoidea”, y resolvimos el problema de la habitación en mi casa (dos habitaciones en la Colonia 20 de Noviembre), donde Arnoldo, Manuel Macías y yo vivimos con mi madre.

Agregaré un recuerdo, uno del que siempre abdiqué por ser mi madre, Dolores Lorenzana (sin segundo apellido por ser expósita) la figura central del pasaje. Cuando le propuse alojar en nuestra casa a los profesionales Arnoldo y Manuel, no puso la menor objeción: “Les dejaré la primera pieza; caben tres catres. Yo me arreglaré en el otro cuarto”. Así surgió una hermosa amistad que perduró hasta que ella murió, pero que se consolidó con un acto inolvidable: estaba en auge la campaña “Cristo si, comunismo no”.

Hasta aquí, hechos de la legítima preocupación por “buscar en la memoria las raíces del presente”, en los primeros años de la militancia de Arnoldo, que yo compartí.

Periodista

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