19/09/2016
08:34
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¿Es la ciudad de Dolores Hidalgo la cuna de la Independencia de México o es la de Querétaro? ¿Cuál de las dos históricas localidades puede apropiarse del título de Cuna de la Independencia Nacional?

La celebración que recientemente realizamos por el 206 aniversario del inicio de la Guerra de Independencia mexicana, revivió la vieja discusión sobre el sitio geográfico exacto en el que nació este proceso.

Tengo muy claro que la ciudad de Querétaro jugó un papel destacado en la guerra de Independencia de México, tanto por las conspiraciones que en este sitio se generaron como por la participación de destacados habitantes de esta localidad que aportaron para que se lograra el triunfo de los independentistas.

Mal haríamos, sin embargo, en enfrascarnos en un debate que podría tener un final no consensuado y que en nada modificaría la historia.

Cito solo un dato que me han proporcionado varios investigadores de la Independencia mexicana, para que tengamos una visión similar de ese proceso histórico: a finales del siglo XVIII y principios del XIX ocurrieron, por lo menos, una docena de conspiraciones.

Entre el año de 1796 y el de 1810, hubo conspiraciones en Morelia –antes llamada Valladolid- en San Luis Potosí, en Guanajuato, en la Ciudad de México y, por supuesto, en Querétaro.

Héroes queretanos

Más allá de esta discusión, me parece que hay un tema que como habitantes de la ciudad debemos retomar para tratar de rescatar su esencia y peso en el proceso independentista. Me refiero a la participación de algunos queretanos en la conspiración y posterior guerra y cuyos nombres se han mantenido al margen de la historia.

Uno de ellos es Ignacio Pérez Álvarez, conocido como el “Correo de la Independencia” y quien, en esa época, se desempeñaba como alcaide o carcelero real de la prisión que se encontraba en la parte baja de la Casa Consistorial de Querétaro y residencia del Corregidor, Miguel Domínguez y de su esposa, Josefa Ortiz.

Descubierta la conspiración y ante el temor que sentía de que fueran muertos o detenidos, Ignacio Allende galopó durante toda la noche para avisar a Ignacio Allende, en San Miguel el Grande, que habían sido descubiertos.

Dicho en otros términos: si Ignacio Pérez no informa de lo sucedido, la conspiración de Querétaro hubiera sido desarticulada sin más consecuencias independentistas.

De ese nivel también ubicamos a los hermanos Epigmenio y Emeterio González Flores.

El primero de ellos fue tomado preso días antes del inicio de la Independencia, junto con otros participantes en la conspiración (encubierta en tertulia literaria). Sin embargo, a diferencia de todos los demás, Epigmenio no solamente guardó silencio y evitó denunciar a uno solo de sus compañeros, sino que además logró avisar de lo sucedido a Josefa Ortiz.

Estuvo preso 27 años, tiempo durante el cual fue torturado. Sin embargo, nunca fue delator.

En 1836 regresó a Querétaro, solo para escuchar que en la lista oficial de los héroes de la Independencia, no estaba su nombre.

Junto con su hermano, Emeterio, se encargó de fabricar y almacenar cartuchos en su domicilio, ubicado entonces en la calle de San Francisco. Cuando se descubrió el movimiento, su casa fue cateada y el arsenal decomisado. Por eso se les recuerda como los “Armeros de la Revolución”.

Reivindicación

Los tres mencionados nacieron en la ciudad de Querétaro y a ninguno se recuerda como partícipe clave en el proceso antes mencionado. Ignacio, Emeterio y Epigmenio, son personajes que la historia deberá reivindicar. No solamente como lo hemos hecho los queretanos, al imponer sus nombres en calles y delegaciones e incluso con una efigie que los recuerda.

Ellos son, sin duda alguna, padres de la patria y como tales, hay que recordarlos.

Un justo honor a su entrega por la patria debería ser que los nombres de estos queretanos sean coreados en las próximas ceremonias del Grito de la Independencia.

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