Igualdad de género | Querétaro

Igualdad de género

Eduardo Mejía

A la fecha hay muchas denuncias contra un productor que tenía que usar la violencia o la coerción para su esparcimiento sexual, o contra Donald Trump, que irrumpía por sorpresa o presumía de su fortuna

Los ejemplos de la entrega anterior son muestra de que hay acciones reprobables vistas con benevolencia si quienes las perpetran son simpáticos, bien parecidos, buenas personas; nada tiene que ver con el poder que ejercen o con los atributos personales; a la fecha hay muchas denuncias contra un productor que tenía que usar la violencia o la coerción para su esparcimiento sexual, o contra Donald Trump, que irrumpía por sorpresa o presumía de su fortuna; en cambio no hay quejas contra los Beatles que, según confesión de John Lennon, había sesiones en que los cuatro se turnaban para estar con alguna adolescente, casi siempre menor de edad; los cuatro tuvieron algún escándalo, sin más consecuencia que uno que otro divorcio, aunque Sir McCartney eludía las demandas por paternidad con un trato fuera de las cortes, por lo regular generoso, aunque muchas veces ni siquiera hubiera visto a la demandante una sola vez, por si las dudas (esa situación la describe otro acosador aprovechado, Mick Jagger, en la canción “Some girls”; por cierto, nadie lo acusa de haber estado varios días con una admiradora 52 años menor que él, antes al contrario, admiran que a su edad todavía las pueda).

Entre los roqueros abundan los que se aprovechan de los cariñitos de un instante para inspirarse y tener más vitalidad para sus conciertos; hay una fotografía en la que una admiradora expresa sus deseos más sublimes y más perversos en plena tocada, a riesgo de que Robert Krieger, el guitarrista de Doors, desafinara a consecuencia del entusiasmo de aquella atrevida, a la que nadie demandó.

Debo admitir que si en la vida real el único peligro que corren las acosadoras es que alguna indiscreción ponga en riesgo su estabilidad sentimental, en el cine les tocan las de perder, dicho sea sin doble intención: en Senda prohibida, que antes de ser película fue telenovela, un personaje se aprovecha de que un hombre deslumbrado por su belleza se prende y la llene de lujos, joyas y se vuelve manumiso ante las amenazas de que va a dejarlo, al grado de tomar dinero de su empresa, hasta que se cansa de ella y regresa a su casa, donde lo humillan perdonándolo; pero la mala es castigada porque su sirvienta la roba y la deja en la miseria, por ambiciosa y por no buscarse un soltero aunque pobre.

En Que Dios me perdone, a un hombre rico, elegante, mundano, le recomiendan que proteja y pasee a una extranjera bella y ambiciosa, y la lleva a Teotihuacán, a la (antigua) Basílica de Guadalupe (y le explica sus historias), a un cabaret, le paga todo (ni esperanzas de que ella —ni ninguna entonces— ofrezca pagar su parte), le obsequia un abrigo de pieles, la lleva a su departamento con las mejores intenciones (de él, desde luego), y ella lo detiene: los hombres creen —gloso, no cito— que con pasearla a una, llevarla por sus bellos lugares, invitarla a cenar, darle obsequios lujosos, deslumbrarla con su elegancia, creen que van a lograr sus propósitos; y luego de la regañada y de que el otoñal galán pone cara de “chin, ya me descubrió”, ella, sorpresivamente dice: está bien, acepto.

En Pancho Tequila un supuesto actor sufre las amenazas de los villanos de su pueblo, de las burlas de los que descubren que no es tan macho como aparenta en las películas, pero sobre todo sufre el asedio de la coscolina del pueblo, bella, simpática y sobreactuada, y apenas logra quitársela de encima (no literalmente, desde luego), para encontrar con que lo sigue hasta los estudios cinematográficos, y sólo se escapa haciendo que el doble sea quien la bese, y no él.

En El cielo y la tierra, mientras el conjunto juvenil ensaya a todo volumen una canción dizque provocativa, la adolescente encimosa lo atosiga de tal manera que una amiga le aconseja, sin discreción: no lo veas tanto, se va a dar cuenta (para aplacar las buenas conciencias, ella se redime gracias a una monja; monja que escandalizada, escucha una canción que expresa la “distorsión, violencia y falta de armonía de la nueva música”: “besos para ti, esmac esmac”.

Ellas también son acosadoras.

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