¿Hacia una educación neonacionalista?

Pedro Flores-Crespo

Hace una semana, el 15 de febrero, la profesora Delfina Gómez asumió la titularidad de la Secretaría de Educación Pública (SEP) ante el presidente de la República. Su discurso iba dirigido a él. Los símbolos de Palacio Nacional fueron el escenario ideal para enlistar cuatro “líneas de acción”, que el titular del Poder Ejecutivo ya había comentado y que según la maestra, dijo estar, “muy de acuerdo porque es la base de una educación”.

Estas líneas son: (1) dar un trato digno a los maestros, (2) mejorar la infraestructura, (3) continuar con el otorgamiento de becas y (4) “mejorar los contenidos educativos en relación con la realidad que estamos viviendo”. ¿Y cuál es esa realidad? ¿La del centralismo del poder? ¿La de debilitar la democracia en aras de imponer la Transformación? ¿La falta de autonomía magisterial? Por supuesto que no. Ésta no es la realidad que el presidente lee, sino la de fortalecer “los valores culturales, morales, donde se afianza el civismo, la ética, la fraternidad y el amor al prójimo”. Y es que ya Andrés Manuel López Obrador lo ha dicho, según Gómez Álvarez: el humanismo es como un “tronco común”. Del humanismo parte “la técnica, la ciencia, las matemáticas, la física, la biología y demás áreas”. Vaya, pensé, ahora hasta tenemos un “presidente pedagogo”.

Previo a delinear estas cuatro líneas, Delfina Gómez también expresó: “Tampoco olvidamos cómo los contenidos fueron centrándose en las necesidades que el ambiente neoliberal y la globalización exigían. Se perdieron los valores, la conciencia de clase, el humanismo, todo se perdió en favor de una supuesta competencia y productividad. ¿Dónde quedaron los libros de texto, las asignaturas y contenidos que nos formaron como mexicanos?”

Ese mismo día, la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu) dio a conocer el estudio Experiencias Internacionales de Apoyo a la Educación durante la Emergencia Sanitaria por Covid 19. Ahí se revisan acciones que 13 países han puesto en marcha ante la clausura escolar, así como algunas recomendaciones de organismos internacionales para enfrentar la crisis educativa. ¿Conocerá Gómez Álvarez este reporte? ¿Lo tomará en cuenta para idear el regreso a clases? Confío en que la SEP tendrá un enfoque mucho más abierto y reflexivo para aprovechar esta información.

El reporte de la Mejoredu es interesante porque además de mostrar lo que podemos aprender de la experiencia externa para volver a clases, también indica en qué falló la SEP. Mientras Argentina, Chile y Colombia entregaron dispositivos electrónicos a estudiantes en zonas pobres, México ideó un “acuerdo de concertación” para entregarle 450 millones de pesos a 4 televisoras privadas para “continuar” con el aprendizaje. Mientras en Corea del Sur se flexibilizaron los horarios laborales de los padres para acompañar el aprendizaje de sus hijos, aquí poco se hizo cuando la propia Mejoredu detectó que eran las madres y padres los que más apoyamos a los niños en sus tareas escolares en casa. Mientras en Chile se echó a andar una red de tutores conformada por estudiantes de pedagogía, aquí en México solo se quedó en anuncio.

Al compararnos con el exterior, vemos nuestros errores. A esto precisamente le temen ciertos regímenes políticos. De ahí su posición neonacionalista que a muchos atrae.

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