Gobernanza

Genaro Montes Díaz

Las sociedades modernas han comenzado a definir nuevos roles de participación entre gobiernos, ciudadanos, organizaciones privadas y mercados. Estos roles involucran a todos los actores para que desde su área de influencia, participen en la elaboración, construcción, implementación y seguimiento de políticas públicas que tiendan a propiciar el bien común y generar mejores condiciones de vida en el corto, mediano y largo plazo.

Bajo este contexto, el gobierno no gobierna solo, sino que todos los actores involucrados son coadyuvantes en el proceso, lo que nos aterriza en la definición de la Real Academia Española que define “gobernanza” como la manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.

El análisis de este concepto, así como de todo lo que este sistema implica, ha cobrado un mayor auge desde la última década del siglo XX. Esta teoría ha sido impulsada por R. A. W. Rhodes y Jan Kooiman, quienes desde mi punto de vista, han roto los paradigmas establecidos por los clásicos de la teoría general del Estado como Heller, Kelsen y Jellinek pues, a través de esta nueva teoría, se busca una interacción entre el gobierno tradicional y los actores de la sociedad civil, generando la idea de un gobierno compartido.

Si bien la idea de un gobierno compartido puede ser considerada descabellada en la teoría para los positivistas de cepa. En la práctica va más allá, ya que, la gobernanza representa una amenaza latente para los gobiernos que no les interesa luchar contra la impunidad y corrupción; que se benefician de la opacidad y de acuerdos en lo oscurito, así como para aquellos que permiten el crecimiento de la ignorancia y no abaten la violencia; pues la existencia de todos estos factores, se vuelve un caldo de cultivo para mantener su preeminencia, y con ello, el control del Estado y sus instituciones.

La buena noticia es que, cada vez más organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial, la OMC, el FMI, la OCDE o la Organización Mundial de Aduanas, se han comprometido en el ámbito de sus competencias para promover acciones que fortalezcan la gobernanza entre los países del mundo, sobre todo de los países en vías de desarrollo.

Estos organismos, están convencidos de la importancia de la existencia de la gobernanza como factor de desarrollo político, económico, social y cultural. En este sentido, además de generar indicadores para medir la gobernanza, han desarrollado políticas que ayudan a implementar mecanismos y condiciones propicias para sumarse a esta nueva dinámica internacional en aras de garantizar un régimen jurídico que privilegie el respeto a los derechos fundamentales, como la democracia, la transparencia, el desarrollo, la seguridad, la equidad, la participación, el pluralismo, la responsabilidad, el Estado de derecho y que abata la pobreza.

Como lo he expuesto en columnas anteriores, es necesario que en México los gobiernos sean más abiertos, transparentes y sobre todo conscientes de las necesidades de los ciudadanos. Romper paradigmas sumándonos a estas iniciativas internacionales, nos permitirá incidir de mejor manera en las decisiones del gobierno, a través de nuestro involucramiento, propuestas y acciones, que repercutirán en beneficio del México que deseamos, que necesitamos y que queremos legar a nuestros hijos.

Abogado y catedrático de laUniversidad Anáhuac. @gmontesd

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