18 / junio / 2021 | 07:09 hrs.

Fondo y forma

Juan José Arreola

Empeñarse en avalar, con argumentos falaces y sin sustento, un ejercicio de consulta y a un gobierno que nada tienen que ver con la democracia va en contra de lo que muchos mexicanos quieren y piensan que tendrán con el próximo gobierno.

¿Es entendible y justificable lo que sucedió la semana pasada con la consulta ciudadana sobre el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México? ¿Es comprensible y aceptable que el futuro presidente de México invite a su toma de protesta al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro?

Consulta ciudadana

De parte de quienes están de acuerdo y apoyan la determinación de Andrés Manuel López Obrador, el argumento central para respaldar la consulta ciudadana sobre el aeropuerto, es que por primera ocasión en México se está tomando en cuenta el punto de vista de la ciudadanía para decidir un asunto de trascendencia para el país. Hoy sí se vislumbra un gobierno eminentemente ciudadano, que realizará acciones a favor, exclusivamente, de la ciudadanía y en consideración de la misma. En eso estamos de acuerdo. Eso es parte de lo que requiere un país para ser democrático: tomar en cuenta a su ciudadanía.

Sin embargo, hay varias dudas al respecto. Primero, que la consulta fue organizada por un ciudadano (AMLO) y, por consecuencia, no es legal tratándose de temas del gobierno y que corresponden resolver al gobierno. Resulta imposible —legalmente— que el resultado de la consulta sea vinculante para el próximo presidente.

Segundo, que la referida consulta no respetó el principio básico de la democracia; esto es, la garantía de que el voto fuera secreto, y agregamos que tampoco se garantizó la inexistencia de irregularidades.

Tercero, que el número de participantes al cierre de los cuatro días de recepción de votos no representa ni el 1% del total de los habitantes del país y llega a ser menos de 2% del padrón electoral nacional.

Mi conclusión, después de este ejercicio, es que solo con buenas intenciones no es posible avanzar. Al no realizarse la consulta con estricto apego a la legalidad y sin garantizarse que fuera realmente democrática, resulta ser una acción que, en el mejor de los casos, debería anularse para evitar tomar decisiones con base en la opinión de una minoría, disfrazándola de democracia.

Maduro en México

El fin de semana pasado escuchamos a Marcelo Ebrard —quien será el secretario de Relaciones Exteriores del próximo gobierno mexicano— confirmar que a la toma de protesta de López Obrador como presidente del país, entre los invitados se encuentra el mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro.

A las primeras voces que se pronunciaron en contra de esta decisión, Ebrard respondió que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no puede excluir a nadie.

Pienso que esta postura no es correcta. En política y fundamentalmente en política internacional, el fondo es forma; es decir que las acciones que realizas se entienden, invariablemente, como mensajes políticos, sean de apoyo o de rechazo.

Invitar a la toma de protesta de López Obrador a Maduro representa, sin duda alguna, el aval del próximo gobierno mexicano al gobierno del venezolano, en cuyo periodo se ha incrementado la represión a la ciudadanía de ese país, se han dañado severamente las libertades de expresión, de prensa y de manifestación y, por si fuera poco, la economía de esa nación se ha deteriorado hasta alcanzar una inflación de más de tres dígitos.

Lo más grave de ese régimen es haber conculcado la democracia en todas sus expresiones. De ahí el masivo éxodo de venezolanos a Colombia y otros países.

Invitar a Maduro a México significa estar de acuerdo con todos estos atropellos a la dignidad humana.

Arriesgado

Pienso que Andrés Manuel no tiene necesidad de arriesgar la visión democrática que ha demostrado tener, con estos dos exabruptos en los que ha incurrido. Empeñarse en avalar, con argumentos falaces y sin sustento, un ejercicio de consulta y a un gobierno que nada tienen que ver con la democracia va en contra de lo que él ha prometido y en contra de lo que muchos mexicanos quieren y piensan que tendrán con el próximo gobierno.

 

 

 

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