Emilio Lozoya, el traidor

Mario Maldonado

Emilio Lozoya Austin es el arquetipo de la corrupción. Para su familia, para sus amigos, para su grupo político y para el país. Ese es el concepto que tienen sus más cercanos sobre el exdirector de Pemex, quienes lo conocieron e interactuaron con él desde su adolescencia y hasta los episodios de su proceso judicial. Esa es también es la imagen y la historia que reconstruye el libro Emilio Lozoya, El Traidor, que recopila diversos testimonios de personas que lo acompañaron durante su vida y trayectoria política, y que se adentra en los hechos e investigaciones que lo colocan como uno de los principales símbolos de la corrupción.

La historia de Emilio Lozoya cobra mayor relevancia en un contexto en el que los involucrados en los sobornos de Odebrecht empiezan a llegar a los tribunales, y en el que los políticos que lo acompañaron, lo asesoraron, lo solaparon e incluso lo extorsionaron durante sus gestiones al frente de la empresa más importante del Estado empiezan a pavimentar su camino hacia la prisión.

Emilio Lozoya, El traidor describe también al ser humano; al tímido niño que nació y creció dentro del salinismo y que, para su primera incursión en la función pública, se alió con otro de los grupos políticos considerados entre los más corruptos de la historia, el de Enrique Peña Nieto, donde normalizó la comisión de abusos de poder, de actos ilegales, y los llevó a niveles que muy probablemente nunca antes se habían visto en el país.

Con 31 años de edad, en febrero de 2006, Lozoya contrajo matrimonio con Marielle Helene Eckes, involucrada también años después en las transferencias irregulares por el caso Odebrecht. Este fue uno de los momentos más trascendentales de su vida, pues forma parte de una las familias más acaudaladas de Europa, con un nivel de poder que Lozoya siempre soñó con tener.

Para Emilio Lozoya “conocer a Marielle Helene Eckes fue un hito, tanto para su carrera profesional como para su vida personal. La fortuna de esa familia lo deslumbró. El poder económico de su suegro (Michael Eckes) siempre fue una referencia que debía superar y que lo llevo a cometer muchos de los actos que acabaron con su carrera”, cuentan quienes lo conocieron en aquel momento y aseguran que el poderío de su familia política lo obsesionó.

La familia Eckes es propietaria del alemán Grupo Eckes-Granini, principal productor de jugos y frutas procesadas de Europa; una compañía con casi 2 mil empleados, ventas anuales por más de 900 millones de euros y exportaciones a más de 80 países. La compañía tiene más de 16 décadas de operación —se fundó en 1857— y es controladora de marcas como Joker, Marli, Rynkeby, God Morgon, Brämhults y Elmenhorster.

“La riqueza y contactos de Marielle Eckes convirtieron a Emilio Lozoya en un ‘inversionista insaciable’, no importaban las millas que tuviera que recorrer para obtener lo que quería, ya fuese un cuadro de Piccaso o hacerse de una empresa multimillonaria en alguna parte del mundo”, relataron sus conocidos para el texto Emilio Lozoya, el traidor.

Marielle era la heredera de un imperio muy superior al que podía ofrecerle su esposo aun viniendo de una de las clases más acomodadas de México. La sola figura de Eckes nublaba la visión del operador financiero mexicano, cuyas empresas e inversiones no eran suficientes para obtener lo que algunos de sus conocidos habían alcanzado con la política.

Por ello, cuando Emilio Lozoya recibió la invitación de Luis Videgaray para unirse al equipo de campaña de Enrique Peña Nieto, supo que ese era el llamado que había estado esperando durante años para materializar sus sueños y, sobre todo, para saciar sus ambiciones.

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