El Verdadero Virus. Parte IX. Todo lo que hemos perdido...

26/05/2020
09:00
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Hablar de perder algo, casi siempre plantea una percepción negativa. Según la RAE, perder se define como “tr. Dicho de una persona: Dejar de tener, o no hallar, aquello que poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingencia o desgracia”. Con esta simple, pero clara definición cruzan rápidamente por mi mente, una lista enorme de cosas que hemos perdido a lo largo de estas 10 semanas de aislamiento tácito en nuestro país, y casi cinco meses para el mundo. Entre lo mucho que hemos perdido se encuentra: vidas humanas, la salud de miles de personas, empleos, proyectos, crecimiento económico, amigos, posibilidad de reunirnos, divertirnos, y muchas consecuencias producto de ello. La lista puede ser interminable si queremos profundizar.

Es claro que la connotación negativa es la que más naturalmente tendemos a visualizar en primera instancia; pero, qué hay de aquello que puede ser positivo en este mar de pérdidas, qué hay por ejemplo, de perder viejos hábitos, de perder kilos, o de perder el tiempo fuera de casa para atesorar la estancia -aunque forzada- en ella para disfrutar a la familia, para comer a tiempo, para participar -aunque mínimamente- en las actividades domésticas, en aquello de lo que normalmente nos ocupamos con menos frecuencia por vivir siempre fuera, por estar conectados con el resto del mundo y tan desconectados de nuestras a cosas: de la casa y la familia.

De esas pérdidas quiero hablar hoy #DesdeCabina en esta entrega -casi llegamos a la decena-, de todo aquello que hemos dejado atrás, de todo lo que hemos perdido, para entender y valorarlo, y sobre todo para que sirva en el camino que tenemos por delante. 

En estos días, mi chaparra (mi Hija), quien se ha mantenido activa deportivamente en estas semanas gracias a la disciplina -o quizá empecinamiento- de su entrenador del equipo de natación, quien como muchos maestros hoy en día, está haciendo hasta lo imposible por continuar con la actividad ya sea deportiva o escolar, pensando en que no se vean tan afectados los chicos al retorno; ella me decía, papá, “... ya me perdí mi graduación de secundaria, que ya no pudo concluir con sus amigos, ya no voy a verlos, ni reanudar mis actividades con ellos; la preparatoria voy a tener que iniciarla también a distancia ...” y muchas cosas más que me enumeró.

El sin fin de pérdidas es cuantioso sin duda, pero si solo miramos el vaso vacío, en verdad podemos perder la tranquilidad muy rápidamente; por el contrario, si miramos el vaso medio lleno, las circunstancias podrían tener otra perspectiva. Para las organizaciones ya sea públicas o privadas, puede significar una gran oportunidad para reencontrar o resignificar sus ventajas competitivas, realinear procesos y configurar nuevos maneras de hacer negocios, de transmitir conocimientos o de hacer investigación; puede significar igualmente nuevos esquemas para enriquecer la relación con todas y cada una de las partes interesadas (los famosos stakeholders), no únicamente con sus empleados, puede significar la oportunidad de reinventarse para entender que esto que recién hacemos para mantenernos a flote, quizá es lo que a la larga nos esta salvando de la obsolescencia y el anquilosamiento.

Es claro que hemos perdido mucho, pero nunca sabremos si podríamos haber perdido más, si hoy no estuviéramos en esta condición. Quizá, con todo lo que hemos perdido, hemos ganado en realidad. CONTINUARÁ...

 

Rector de la UNAQ
@Jorge_GVR

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