El valiente nunca se arrepiente

29/04/2020
09:00
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Hoy los mexicanos nos enfrentamos a una crisis, mucho más allá del coronavirus. Para afrontarla, ¡el tiempo apremia! Por ello, tenemos que ir al fondo de las soluciones de forma rápida, con decisión, con profundidad y amplitud y con el apoyo de la nación para poder superarla.  

Debe ser rápido, porque la doble emergencia —de salud y económica— cobra vidas y porvenires.

Debe ser con decisión, porque tenemos que enfrentar medidas extraordinarias, para enfrentar retos extraordinarios.

Y con profundidad y amplitud, porque la crisis que viene —y que ya muchos cargan en sus espaldas— requerirá de todas y todos y subrayo: absolutamente todos los mexicanos que aman este país.

A principios de esta semana, me reuní con integrantes del Consejo Coordinador Empresarial. En la mesa de trabajo que sostuvimos, hice un llamado urgente para poner en marcha la Ley de Emergencia Económica. Y así, mientras unos tratamos de acomodar las piezas de este rompecabezas, el Ejecutivo sigue viviendo en una realidad paralela, descalificando todo lo que es distinto a lo que él piensa. 

Estoy convencido de que hoy es momento para buscar el bien común de todos los ciudadanos. Debemos concentrarnos en lo que sí importa y tomar las medidas que se requieren para salir adelante. No podemos seguir desviándonos del camino, comprando estadios de béisbol de más de 500 mdp o haciendo costosos programas sociales, que verán su utilidad en los resultados que arrojen las urnas electorales. 

El país necesita empresas, que son su motor para caminar. Pero, pensar que los empresarios tienen que asumir los costos de esta crisis, es un gran error. Para empezar, la mayor parte de las empresas en México no son las de Slim o Salinas Pliego. Los principales empleadores son las pymes, que generan el 72% de empleos y el 54% del PIB nacional, pero que no tienen mucho capital para sobrevivir, indefinidamente, sin ingresos. Sin apoyos gubernamentales, la gran mayoría va a tener que despedir a sus trabajadores y luego quebrarán. Sin embargo, todavía estamos a tiempo para cambiar esta historia.

Para ello, desde la bancada del PAN en el Senado, presentamos una iniciativa de Ley de Emergencia Económica. Reducir los salarios y suprimir los aguinaldos de algunos  —muchos— servidores públicos; no respetar los contratos colectivos; no apoyar a las PyMES y continuar con sus tres faraónicas obras, no es, ni de lejos, la solución para este problema.

Y aunque  nuestras propuestas son concretas y viables para salir de este enorme bache, seguimos esperando que Morena las apruebe. 

En este momento, consideramos que lo más importante es la unidad de los mexicanos. No podremos superar, nunca, este reto si estamos divididos o enfrentados por quien, hipotéticamente, debería de cohesionarnos.

Además, hace falta elaborar dos grandes programas. El primero es de subsistencia y el segundo es de reactivación económica.

El primero es para evitar un colapso social. La ONU ha alertado que la mitad de la población mundial padecerá hambre. México no será la excepción. Hay que conectar la producción del sistema primario con sistemas logísticos de distribución.  

Asimismo, se necesitan herramientas concretas para apoyar a la gente. Nuestra propuesta económica consiste en un apoyo económico de 27 mil 500 pesos para pequeños y medianos comercios; así como un ingreso mensual de 3 mil 207 pesos para los trabajadores que han perdido sus empleos.

Urgimos, también, de una política fiscal para posponer obligaciones, que permita tener flujo a las empresas de todos los tamaños. Así como preparar capital para inyectárselo al sector turístico.   

Para obtener estos recursos, se tendrían que cancelar las obras que son emblema de esta fallida Administración: Dos Bocas, sin sustentabilidad; el Tren Maya, sin permisos para su construcción, y el aeropuerto de Santa Lucía, que no tiene ni conectividad.

El que es valiente nunca se arrepiente. México necesita hoy que, con valentía y firmeza, se tomen decisiones para afrontar esta emergencia. Es tiempo de definiciones y de enfrentar los desafíos. Y esto, lo sabemos, ¡es ahora o nunca! 

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