El ejecutivo federal y el ogro filantrópico

Jesús Rodríguez Hernández

En 1979 Octavio Paz publicó un libro llamado El ogro filantrópico. El título hacía referencia al ogro como un gigante en cuya cabeza se encontraban el gobierno y la oligarquía, que tenía capturado al pueblo; siendo el ogro caprichoso, discrecional, el que asigna y quita derechos, generosamente planifica destinos, sonríe, nos perdona, pero de pronto se enoja, nos reprende y castiga, y otras veces nos premia.

La obra describe una burocracia insaciable, displicente, aprovechada, soberbia, con una idea de propiedad de las instituciones, las cuales eran para servirse y no para servir; proyecta al gobierno con un carácter estatista, dueño de todo y de todos, no tenía rostro, pero era desalmado y temido. Este ogro filantrópico controlaba pero también premiaba, o compraba.

La narrativa de Octavio Paz describe lo que está ocurriendo en el Estado mexicano. Hace unos días la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados aprobó con 24 votos a favor y 17 en contra la Ley de Ingresos de la Federación para 2022 con un volumen total de 7 billones 88 mil millones de pesos, producto de impuestos, derechos y contribuciones. Se modificó la ley del Impuesto Sobre la Renta en materia de deducibilidad y respecto al Registro Federal de Contribuyentes para jóvenes.

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) se verán bastante afectadas. En 2019 les quitaron el financiamiento público. Buscaron financiamiento privado para seguir trabajando y buscando apoyos. Ahora las quieren presionar más.

En la iniciativa de reformas a la Ley del Impuesto Sobre la Renta, el gobierno federal ha incluido un cambio para limitar las deducciones personales en materia de donativos. Actualmente, las personas físicas pueden deducir gastos con un límite de $163 mil pesos de egresos médicos, funerarios, seguros, intereses de hipotecas, transporte escolar y colegiaturas. Pero, además, también pueden deducir aportaciones al fondo de ahorro para el retiro y donativos hasta el 7% del ingreso anual del contribuyente.

Ahora el gobierno quiere eliminar estos dos últimos rubros para que las deducciones de personas físicas sólo tengan un tope: $163 mil pesos al año. Esto desincentivaría la donación a las ONG.

La idea de la reforma es que, si las personas quieren donar a asociaciones civiles, no puedan deducirlas de los impuestos. 

Esta reforma va en el sentido de que el presidente de la República pretende que el Estado lo resuelva todo, desconfía del sector privado.

Le disgusta que organizaciones de la sociedad civil se involucren para resolver problemas públicos. 

El ejecutivo confundió las empresas con las personas físicas a las que se restringirá la deducción de las donaciones: “¿Cómo se va a devolver impuesto a una gran empresa bajo el supuesto de que van a invertir en beneficio de la gente, en obras sociales, en filantropía, en fomento a la cultura? No, (esa) es la función del gobierno”.

Paz escribió que para que ese Estado obsoleto y corrupto cambiara se requería, en primer lugar, que transparentara sus decisiones, escogiera a los mejores, educara mejor al pueblo, que hubiera una oposición real y poderosa de los partidos y, sobre todo, que hubiera democracia.

Estas recomendaciones siguen vigentes, parece que se está formando un “ogro”, cruel y filantrópico. Esperemos que la oposición actúe a tiempo. 

Expresidente municipal de Querétaro y ex legislador. @Chucho_RH

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