El doble estándar | Querétaro

El doble estándar

Maricruz Ocampo Guerrero

Pocas han logrado superar los frenos relacionados con el aspecto físico que se pretende imponer a su labor.

Lisa LaFlamme es una experimentada conductora de noticias canadiense con una carrera de más de 35 años como periodista en televisión. Esta carrera terminó hace unos días cuando ejecutivos de CTV, la empresa donde ella se desempeñaba al frente de un noticiero nacional, la despidieron por su decisión de dejar de pintar sus canas a sus 58 años.

Los estándares de belleza y juventud que se exigen a las mujeres atraviesan todos los ámbitos de nuestra vida, pero son tal vez más duros para aquellas que se desenvuelven en el foco público, como son los medios de comunicación y la política, donde por años se ha juzgado a las mujeres, no por sus capacidades y trayectoria, sino por su apariencia y relaciones personales.

Pocas son las que han logrado superar los obstáculos relacionados con el aspecto físico que se pretende imponer a su labor.  Tenemos como ejemplo a  Christine Lagarde, actual presidenta del Banco Central Europeo o Madeleine Albright Secretaría de Estado de Estados Unidos durante la administración de Bill Clinton. Sin embargo, otras mujeres que han ocupado cargos importantes en la vida pública, como Hillary Clinton o Elba Esther Gordillo, no han escapado de los señalamientos que con frecuencia se han hecho sobre su apariencia.

Para la mayoría de las mujeres que participan en la vida pública, remar en contra de la discriminación y desigualdad que traen consigo la edad y el "perder" la juventud resulta agotador. Incluso mujeres del poder se ven presionadas a pintarse el pelo, hacer dietas muy estrictas para mantenerse delgadas y someterse a dolorosas e incluso peligrosas cirugías, que en el mejor de los casos las lastiman temporalmente y en el peor las desfiguran y dañan permanentemente.

En México sobran los casos de actrices, conductoras de televisión y políticas que, en un afán de conservar sus trabajos, se han sometido a tratamientos que incluso han puesto en riesgo sus vidas. El caso de Alejandra Guzmán, que ha tenido que someter a 22 cirugías para corregir un procedimiento cosmético, es un ejemplo.

Este doble rasero mantiene a las mujeres de todos los ámbitos y condiciones sociales, en una esclavitud que domina sus cuerpos y bolsillos, ya que, pretender alcanzar los “estándares” mínimos de belleza que la sociedad exige, equivale a más de 638 mil millones de dólares, tan solo en cosméticos, a nivel mundial.

Las exigencias sociales y culturales sobre la belleza y la juventud de las mujeres que se perpetúan en los medios de comunicación, exhiben la necesidad de cambiar paradigmas culturales que consideran que una mujer “vieja” deja de ser útil o capaz.

Las mujeres tenemos derecho a la protección, goce y ejercicio de nuestras libertades y a ser tratadas con dignidad en todas las etapas de nuestra vida. Limitar nuestra participación en la política o la economía debido a nuestra apariencia es una forma de perpetuar la desigualdad entre mujeres y hombres y una discriminación institucionalizada que debe desaparecer ya. 

Titular de Aliadas Incidencia Estratégica e integrante de la Red Nacional de Alertistas. Twitter: @mcruzocampo Fb: maricruz.ocampo

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