Don Beto Preciado. El torero de plata que vale oro

Olmo Martínez

Escribir de la muerte de una persona es difícil, más complicado aún de alguien que siempre enseñaba sus conocimientos taurinos, porque ya no estará más que su legado.

Así fue Alberto Preciado Meléndez, siempre listo para ayudar, ya sea en el ruedo o fuera de él, como subalterno o apoderado. Siempre con un buen consejo, sin una mala cara. Noble y fuerte, un maestro en todo, hoy lamentamos su pérdida del pasado lunes.

Nació en San Luis Potosí  (28-8-1949). Empezó como niño torero y debutó como tal en 1959 en la Plaza San Marcos de Aguascalientes.

Se presentó como novillero en la Plaza México el 19 de mayo de 1968. Alternó con Mario Sevilla (hijo) y Miguel Angel Núñez con novillos de Carranco. En 1969 pasó a ser subalterno y, tras cuatro años como aspirante, tuvo su examen profesional en La México. El 5 de abril de 1997 ganó un concurso de banderilleros en Texcoco, Estado de México. Estuvo colocado en las cuadrillas de Manolo Martínez, Curro Rivera, Miguel Espinosa Armillita Chico y Jorge Gutiérrez. Por la categoría de sus jefes de cuadrilla, se puede deducir la importancia de este torero.

El mejor subalterno en la historia del toreo mexicano, con 10 premios consecutivos como Mejor Subalterno en La México de 12 obtenidos.
Imprimieron una boleta de la Lotería Nacional en su honor y tuvo otros reconocimientos en diversos cosos mexicanos (Texcoco, Aguascalientes, Ciudad Juárez, Morelia y San Luis Potosí).

Se retiró del toreo en la Plaza México el 26 de febrero de 2012, como miembro de la cuadrilla del actual Fermín Rivera. Esa tarde supe que no se necesita vestirse de oro para valer como tan apreciado metal. Desde entonces intensificó su actividad como apoderado, labor que también disfrutó y realizó con el mismo entusiasmo que su carrera taurina.

Don Beto lloró e hizo llorar a la concurrencia, con pasos desmayados pero con la frente en alto, como salen los buenos toreros. Ahí se ganó el respeto de propios y extraños. Su partida nos duele a todos. Sirvan estas líneas para hacerle un pequeño homenaje a la vida y obra del Maestro Beto Preciado. Descanse en paz.

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