23 / junio / 2021 | 03:36 hrs.

Disrupción social

Gerardo Proal de la Isla

Arribamos al mes que cierra la primera mitad de un año donde esta terrible pandemia sigue presente y el cual será recordado, entre otras cosas, por la primera aplicación de vacunas contra la enfermedad que nos ha hecho cambiar abruptamente en todos los sentidos, como consecuencia de todas las medidas que se han adoptado con el afán de prevenirla y disminuir su maligna proliferación. Durante estos meses previos que ya hemos transitado a lo largo de este 2021, se vislumbran algunas luces en el horizonte para muchos, lo que tal vez se deba a ese imperioso deseo de volver a aquella normalidad que dejamos atrás y que por más que lo anhelemos, nunca será otra vez. 

Resulta nada fácil armar un rompecabezas de cómo deben funcionar las cosas ahora, cuando además del tema de salud, enfrentamos tantos otros retos en materia de educación, convivencia, producción, economía, cuidado del planeta, etcétera. Todo lo nuevo enmarcado en un contexto de la frenética explosión de la tecnología y su uso en prácticamente en todos los ámbitos del quehacer humano, lo que suena como una gran noticia para quienes vemos los beneficios en un sinnúmero de servicios y procesos, pero que no sabemos en realidad hasta donde ascenderán los costos  sociales reales, de lo que ya ha modificado la tecnología. Sin duda, una enorme cantidad y variedad de empleos se han visto desplazados por tantos de los cambios que día a día vienen ocurriendo, pues particularmente en el año pasado y lo que va de este, han sido objeto de un efecto catalizador que los aceleró evidentemente. Aunado a ello, las brechas generacionales se muestran con mayor claridad ante quienes, por un simple tema de edad, hemos conocido la evolución social a lo largo de varias décadas en los tiempos actuales a través de las conocidas como Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z, lo que ha generado una enorme variedad de distintas necesidades que antes eran más simples y específicas para casi todos. 

¿Qué opciones tienen y tendrán quienes han dejado o dejarán de laborar por realizar tareas que  son o serán obsoletas por el uso o aplicación de tecnologías?. ¿Habrá acaso una visión general que permita a los gobiernos establecer políticas públicas que puedan impulsar acciones que finalmente propicien la generación de empleos y abran oportunidades a terceros para crearlos, acorde a las nuevas necesidades?. ¿Podrían proponerse estrategias globales qué, aprovechando el uso de la tecnología, impulsen modelos de desarrollo congruentes con una visión que lleve a la humanidad a acortar distancias entre la pobreza y la riqueza con mejores estándares de vida para las personas y para las familias?. 

Es difícil conocer respuestas en tanto no disminuya la contingencia de salud que nos aqueja, pero definitivamente considero estamos en un momento de disrupción social que requiere, proponer ideas con mayor relevancia y responsabilidad de muchos actores sociales, si es que pensamos un poco más en los pequeños y en le mundo que les queremos dejar. Este término de disrupción, podría aplicar a todos nosotros como sociedad y debe impulsarnos a buscar mayor creatividad en todos los sectores y enfrentar los retos con una visión bastante más amplia y lejana de lo que estamos acostumbrados a ver o a actuar, sin demérito de lo inmediato, si es que en realidad buscamos algo mejor para esos pequeños que habitan el mundo y este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

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