Después de la batalla | Querétaro

Después de la batalla

Miguel Carbonell

Pasaron las elecciones, la participación ciudadana fue considerable, la organización a cargo del INE mereció el aplauso y reconocimiento casi unánime (excepto de los vividores de la política que no pueden ni quieren aceptar que, de vez en cuando, en México las cosas salen bien), se dieron importantes alternancias, la pluralidad y las sorpresas caracterizan al mapa electoral de la CDMX, el escrutinio de los votos se llevó a cabo en condiciones de normalidad y algunos partidos recientemente creados perdieron su registro. Así deberían ser todas las jornadas electorales y el conteo de resultados ¿Qué sigue?

Tenía razón el gran politólogo de origen argentino Guillermo O’Donnell cuando escribió que en América Latina tenemos una suerte de “democracias delegativas”, en las cuales los ciudadanos participan a través del ejercicio de sus derechos a votar, pero que una vez electos los representantes populares no se les da seguimiento alguno de lo que hacen desde los cargos públicos electivos. La ciudadanía siente que sus posibilidades de participación política se agotan cuando se está frente a la boleta cada tres o seis años, y que el resto del tiempo no se le requiere en modo alguno para participar en la conducción del país y en el correspondiente proceso de toma de decisiones políticas. Esto es un grave error, como muy bien lo argumentaba el propio O’Donnell.

En efecto, no podemos quedarnos de brazos cruzados a esperar el próximo ciclo electoral. Debemos mantener viva la movilización y la participación, en las muchas áreas de oportunidad que nos lo permiten.

Para empezar, es indispensable que los ciudadanos identifiquen a los diputados triunfadores en su distrito electoral y obtengan información sobre la manera en la que los pueden contactar. Luego, hay que hacerles llegar de forma periódica las peticiones, quejas, sugerencias de mejora y puntos de vista sobre su desempeño, a efecto de establecer una comunicación permanente y que sepan que estamos pendientes de su labor.

La viabilidad presente y futura del país está en juego. La apuesta es enorme y nos puede ir muy bien si logramos sensibilizar a nuestros políticos del rumbo que se requiere tomar a la brevedad. Las publicaciones internacionales que han sido tan críticas con la actuación del gobierno mexicano, reconocen que el potencial de México es enorme y se puede aprovechar a fondo con rectificaciones oportunas. Desde todos lados se nos dice que podemos hacerlo mejor. No nos debe derrotar el pesimismo.

Las recientes elecciones demostraron que cuando hacemos las cosas juntos y dejamos a un lado nuestras diferencias, nos puede ir muy bien.

Pero lo importante no es que lo hagan un día, sino que la participación se prolongue y alcance una presencia ciudadana permanente en el debate público del país.

México, por suerte, no pertenece a los políticos. Es de todos nosotros. Por eso no podemos dejar que sean ellos los que decidan sin consultarnos, ni tomarnos en cuenta. Salgamos a participar, por el bien del país. 

Investigador del IIJ-UNAM

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