19 / septiembre / 2021 | 18:47 hrs.

Desmemoriados

Lourdes Morales Canales

La noche del 6 de julio de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel J. Clouthier y Rosario Ibarra de Piedra, candidatos a la Presidencia de la República, marcharon a la Secretaría de Gobernación para hacer un llamado a la legalidad.

En realidad era una denuncia pública sobre el cúmulo de irregularidades registradas durante la jornada electoral. La eliminación selectiva de ciudadanos del padrón electoral, la privación y duplicidad de credenciales, el relleno de urnas y la victoria anticipada del PRI –antes de concluir el cómputo electoral– fueron señaladas en voz de doña Rosario. Luego se conocería la “caída del sistema”, maniobra atribuida al entonces titular de Gobernación, Manuel Bartlett, es decir, la abrupta interrupción del flujo de información proveniente de los 300 distritos electorales.

Las elecciones eran organizadas por la Secretaría de Gobernación. No había credencial para votar con fotografía. No había neutralidad en el conteo de votos. El gobierno controlaba los datos, tus datos.

Sobre los cimientos de la violencia y la desconfianza fue que se erigió el árbitro electoral. Cada reforma emanada de los órganos de representación popular buscaron consensuar nuevas reglas. Dar certeza, credibilidad e incluir la mayoría de las voces fue el acuerdo básico entre partidos políticos. Un pacto de civilidad a favor de la convivencia pacífica. Así fue que se permitió que ciudadanos capacitados por otros ciudadanos fueran quienes contaran los votos el día de la jornada electoral. Inició formalmente la observación electoral y cualquiera podía constatar el respeto al voto libre y secreto.

Se creó un padrón electoral cuyos datos son celosamente resguardados de intereses políticos.

Los partidos políticos se olvidaron del pacto de civilidad en 2003. En la designación de consejeros del IFE se excluyó a la izquierda. El árbitro electoral del 2006 falló en garantizar la equidad de la contienda. Creó un vacío de información que permitió las dudas y descalificaciones. Revivió el fantasma del fraude.

Otras dos reformas han tratado de enfrentar las desviaciones de un sistema de partidos costoso, excluyente y mayormente clientelar. El modelo electoral requiere ser revisado y mejorado. Pero aún así un árbitro confiable y capaz es indispensable para que las disputas por el poder no se solucionen a sillazos, como hemos visto en asambleas partidistas. Con las reglas existentes llegó Morena a la Presidencia de la República. Con esas mismas, se renovarán cuatro lugares en el Consejo General del órgano electoral nacional. No, la historia no empezó en julio del 2018. Tampoco ahí es que termina.

 

Coordinadora de la Red por la Rendición de Cuentas

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