Desarrollo y democracia con el PRI

Sinhué Arturo Piedragil Ortiz

La mayoría de los países que son paladines de la democracia han sido más bien reticentes en sugerir que este sistema promueva el desarrollo y la mejora del bienestar social.

Paralelamente, existen expresiones a un diagnóstico que ven serias tensiones entre democracia y desarrollo. Se cuestiona si se requiere democracia o más bien desarrollo. Como ejemplo, los países de oriente de Asia incrementaron una influencia a lo largo de la década de 1970 y 1980 para promover el crecimiento económico sin buscar la democracia.

La observación de casos de algunos países como Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong condujo a una nueva reflexión: “Las democracias son muy torpes para facilitar el desarrollo en comparación con lo que pueden lograr algunos regímenes autoritarios”, dijo el economista Amartya Sen. Lo hizo mejor —en términos de crecimiento económico—, la autoritaria China que la democrática India. El desarrollo no sólo puede verse desde el punto de vista del mejoramiento de ingresos personales o del producto interno bruto, tiene qué ver con el impacto en el mundo de la vida y en las libertades (políticas y de derechos civiles) de las personas.

La democracia tiene que ocuparse de un gobierno para la mayoría, pero también debe defender los derechos de las minorías. El desarrollo y la democracia se deben de observar en una forma amplia, con énfasis en las vidas humanas, por lo que debemos de entender que desarrollo y democracia tienen una conexión que se constituyen entre ellas. Subsisten problemas cuando una minoría sin escrúpulos no tiene remordimiento en eliminar los derechos de la mayoría, o cuando los procesos políticos son incompetentes al restaurar la prevención de la violencia. Señalamos estos dos casos porque son los que vivimos en nuestro país. Se ha instaurado un gobierno oligárquico manejado por empresarios, que ha prevalecido tanto con el Partido Acción Nacional como con el Revolucionario Institucional.

Son ellos los que llevan el rumbo del país y quienes van a poner en crisis a nuestra patria si dejamos que la industria petrolera se privatice. Es cuando preguntamos: ¿qué mecanismos democráticos hay para que los ciudadanos opinen sobre el futuro de la industria que ha sido palanca de desarrollo desde hace décadas? ¿Qué pasa cuando existe crisis de gobernabilidad en los estados y municipios? Pues los grupos delincuenciales o ciudadanos organizados con la intención de garantizar su seguridad son quienes intentan llenar esos vacíos de Estado.

El día de hoy la guerra emprendida por Calderón contra el narcotráfico persiste con Peña y en algunos estados se ha incrementado. Ahí es donde la democracia y los procesos democráticos están ausentes, por lo tanto el desarrollo también.

Peña Nieto no tiene un proyecto de nación que auspicie la democracia y el desarrollo; tan sólo ha sentado a los dirigentes de los partidos políticos en el Pacto por México, que no es otra cosa que legitimar al régimen a costa de la sobrevivencia política de algunos intereses partidistas. En este pacto no hay visión de Estado para la construcción del desarrollo democrático.

Presidente estatal de Morena

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