19 / junio / 2021 | 23:31 hrs.

Del síndrome de Greta al síndrome de Xiye: el “ambientalismo” ramplón

Ángel Balderas

“El que no conoce a Dios, a cualquier barbón se le hinca”

Dicho popular

La joven sueca Greta Thunberg se volvió famosa a nivel mundial por ser “activista” en contra del cambio climático global. A sus 18 años se le pueden perdonar muchas cosas, pues aún está en su fase de crecimiento.

Lógicamente, no faltan émulos para este tipo de “activismo” sobre el cambio climático global. Hace poco una de éstas, llamada Xiye Bastida, se dio a conocer por una intervención en una cumbre sobre el tema organizada por la Casa Blanca en abril de este año.

Y como criticó a Andrés Manuel López Obrador, inmediatamente se convirtió en heroína e ícono por explotar por la derecha mexicana.

A Xiye se le pueden perdonar muchas de las inexactitudes que dijo, tiene apenas 19 años y aún le falta mucho por aprender.

Para comenzar, esta joven de origen mexicano lleva una tercera parte de su corta vida viviendo en Nueva York. Y desde allá criticó al presidente por “su falta de ambición para contener la crisis climática”. Se ve que, a su corta edad, en su bachillerato norteamericano no ha llevado aún clases de ciencias, porque si fuera así, ya debería haber aprendido que no es México el principal causante del cambio climático global, cuya causa principal se achaca a las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Aún Xiye debe aprender que vive en el segundo país que más emite gases de efecto invernadero, pues los Estados Unidos producen 10 veces más que México, un 14.5 por ciento contra el 1.3 por ciento de nuestro país, por no hablar de la gran fábrica del mundo que es China y que produce 22 veces más dióxido de carbono que México.

Xiye aún es muy pequeña para aferrar que los principales causantes del efecto invernadero son China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón y Alemania, entre otros. Juntos producen más del 60 por ciento de las emisiones de CO2. Así que sus baterías las debería dirigir a otro lado.

Seguramente ella y su familia no viajaron a Nueva York a pie, sino que lo hicieron en avión consumiendo turbosina, combustible fósil y seguramente ve todos los días en Nueva York algunos de los más de cuatro millones y medio de automóviles que circulan en esa ciudad, la inmensa mayoría quemando combustible fósil. Y seguramente ella y su familia usan combustóleo, otro combustible fósil, en invierno para soportar las gélidas temperaturas de aquellas tierras.

Sí, ella está muy pequeña para saberlo, Pero lo deberían saber los adultos y más lo que poseen títulos universitarios, incluidos los de doctorado.

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