Decálogos en el olvido

Genaro Montes Díaz

“Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”. Francisco de Quevedo.

La semana pasada, después del mensaje presidencial con motivo del tercer informe de gobierno, la mayoría de los mexicanos que conozco, al igual que los que sigo como líderes de opinión, vertieron sus comentarios respecto al fondo y los alcances del mensaje emitido por el titular del Ejecutivo federal.

En primera instancia, han calificado solamente como buenas intenciones las expresadas en el nuevo decálogo. Estas medidas en principio pueden ser plausibles, considerando que atravesamos otra vez por una crisis de similares magnitudes a las vividas durante las últimas tres décadas del siglo pasado. Además hay que sumar el hartazgo de la ciudadanía, que va en aumento por la ineficacia en las políticas públicas implementadas por parte de quienes se supone que sí sabían gobernar. Dicho hartazgo no surge del imaginario colectivo; es una realidad y se refleja en las encuestas realizadas por diversas firmas especializadas, donde la aprobación del Presidente cae a niveles que van del 44 al 34%, lo que lo convierte en el mandatario peor evaluado en los últimos 20 años.

Sin embargo, cuando cada uno de los diez puntos es analizado en lo particular por expertos en la materia, caemos en la cuenta de que esas buenas intenciones se quedan simplemente en eso, pues no cuentan con un sustento sólido de políticas públicas serias, transparentes y eficientes en beneficio de los mexicanos.

Seguramente habrá quienes consideren necesario darle al Presidente el beneficio de la duda y tiempo para concretar dichas propuestas. El problema es que si hacemos un recuento, encontraremos que cada vez que se salen las cosas de control y se genera una crisis por mala planeación o incapacidad, el Presidente emite un mensaje a los mexicanos para presentar un nuevo decálogo en el que promete mayor eficiencia y mejorar la situación a través de acciones específicas. Mediante dichos mensajes, solamente se busca acallar opiniones contrarias y que resultan adversas a la imagen presidencial, pero al final las acciones propuestas se dejan en el olvido.

De acuerdo a un análisis hecho por la redacción del portal de noticias Sin Embargo, desde que Enrique Peña Nieto era aspirante a la candidatura, luego candidato candidato, y ya como Presidente electo, en un periodo de trece meses emitió cinco decálogos que le permitieron enfrentar las crisis por las que atravesaba en esos momentos.

Como esta fórmula le resultó, una vez que asumió la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto ha emitido cuatro decálogos: Estrategias de seguridad y justicia (agosto de 2013); Puntos para acelerar la apertura con la reforma energética (agosto 2014); Medidas por la paz, la unidad y la justicia en México (noviembre de 2014); y finalmente, el que contiene las Medidas para los nuevos desafíos (septiembre de 2015). ¿Cuáles se han cumplido a cabalidad? Si sacamos un promedio considerando los 32 meses que lleva de gobierno (menos de tres años), quiere decir que cada ocho meses ha presentado un nuevo decálogo para enfrentar las crisis, lo cual nos lleva a otra pregunta ¿Dónde queda el Plan Nacional de Desarrollo elaborado conforme a los artículos 25 y 26 de nuestra Constitución?

Si hay crisis recurrentes es porque no ha habido una planeación estratégica; sin ésta no habrá rumbo, y sin rumbo sólo seguirá existiendo demagogia expresada a través de decálogos que sólo sirven para salir del paso.

Abogado y catedrático de la Universidad Anáhuac. @gmontesd

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