Datos, no confianza ciega

18/10/2020
11:10
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La detención en Estados Unidos de América (EUA) del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional durante la administración presidencial de Enrique Peña Nieto, ha sido una importante acción contra el narcotráfico. Sin embargo, también ha representado un severo golpe para las instituciones de México. ¿Qué significa esta detención y cómo se mueve el panorama doméstico en el país?

Conocer que miembros del gobierno hayan colaborado con grupos delictivos en México no es una noticia nueva. En varias ocasiones hemos sabido de personajes en altas esferas de gobiernos en el país  que han tenido relación con delincuentes de gran poder. En tiempos recientes podemos recordar a Genaro García Luna, procesado en EUA y quien fuera el brazo derecho de Felipe Calderón Hinojosa en la infame guerra contra el narcotráfico. No obstante, este conocimiento de la situación no hace menos complicado ni decepcionante el hecho de que las mismas autoridades gubernamentales participaron con el crimen.

En este contexto se pueden mencionar tres cosas. La primera es que la detención es un triunfo del país de las barras y las estrellas en el combate al narcotráfico, no nuestro, lamentablemente. Esto significa que EUA no sólo tiene el conocimiento de los actores involucrados en el narcomenudeo, como muy seguramente es el caso de México, sino que decide actuar en respuesta con una fuerza implacable. Si los gobiernos de nuestro país actuaran con esa misma energía, el escenario de justicia se vería de una forma diferente, llena de confianza por parte de la población, pero no es el panorama.

Aplausos por la detención de Cienfuegos hay, no está a discusión ese hecho y ojalá se continúe procediendo en contra de los responsables de actos ilícitos en gobiernos pasados (y actuales). No obstante, lo que es importante mencionar es que no es nuestra medalla esta captura, es decir, la acción no fue nuestra y levanta sospecha que el Gobierno de México no haya actuado antes que EUA en este respecto. Situación que nos lleva al segundo punto, que trata acerca de las instituciones mexicanas.

Es difícil encontrar un país donde sus instituciones gubernamentales no haya un atisbo de corrupción, sea leve o severa. Nuestra población tiende a no confiar en las instituciones de esta índole, sea por experiencias propias o ajenas, o por otras posibles razones, pero la que se destacaba por contar con el respaldo generalizado de los mexicanos era el Ejército, es decir, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

Con la detención de Cienfuegos esta confianza puede comenzar a desquebrajarse y resta empatía y apoyo a la Guardia Nacional, el nuevo brazo de seguridad creado en la presente administración presidencial, que, por cierto, cuenta con varios elementos de la SEDENA.

Esto nos conduce al tercer punto que es la confianza en general al gobierno y sus líderes. Es normal que las autoridades gubernamentales pidan confianza, es decir, es parte del discurso político, pero exigir confianza “ciega” sólo porque sí trasciende a otras proporciones que, de entablar una conexión con el público, puede ser dañino para la misma democracia. No podemos entregar una “confianza ciega” ni aunque queramos nosotros. Es parte del ejercicio democrático cuestionarlo todo de una forma analítica y exigir datos certeros, evidencia y rendición de cuentas a las autoridades e instituciones por más prestigiosas, respetadas o consolidadas que sean. En este sentido, no basta con que un agente o institución política declare que otros agentes o instituciones sean incorruptibles o, sino debe haber evidencia de eso y un ejercicio de escrutinio acorde, de lo contrario, no la democracia se quedará en

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