13 / junio / 2021 | 12:45 hrs.

Corrupción e impunidad

Juan José Arreola

Casos como Ayotzinapa, la Casa Blanca, la mansión de Videgaray o el de la llamada Estafa Maestra son, apenas, un ejemplo de la corrupción que se acumula

Barbado, con pantalón de mezclilla y camisa blanca, Vicente Fox Quesada observaba, desde el kiosco del Jardín Zenea, cómo poco a poco se reunía la gente que acudía, al llamado del Partido Acción Nacional (PAN), al mitin que encabezaría.

En la charla con él, minutos antes de que comenzara la reunión, Fox Quesada me comentó que los dos principales flagelos que la sociedad mexicana quería que se combatieran eran la corrupción y la impunidad y que él estaba dispuesto a encabezar la lucha para combatirlos y acabar con ambos.

Era una noche de agosto o septiembre de 1999, Fox regresaba de su “desaparición” voluntaria de la política e iniciaba una larga campaña, primero por la candidatura presidencial del blanquiazul y después, por la presidencia de la República, que ocupó a partir del 1 de diciembre del año 2000.

Durante sus seis años de gobierno, pocos o nulos resultados vimos del combate contra la corrupción y la impunidad.

Ni cumplieron… ni cumplirán

Después sería presidente de la República Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, seguido de Enrique Peña Nieto y ninguno de los dos logró aterrizar y obtener resultados tangibles de esta lucha que ambos se comprometieron a realizar.

Peor aún, el sexenio que está por terminar, encabezado por Peña Nieto, podría ser el que mayores rasgos de corrupción haya mostrado y el periodo en el que mayor cantidad de actos gubernamentales se vincularon con este comportamiento y quedaron impunes.

Casos como el de Ayotzinapa, el de la Casa Blanca, el de la mansión de 850 metros cuadrados adquirida por Luis Videgaray Caso, o el de la llamada Estafa Maestra. El caso Odebrecht, además de los 10 gobernadores vinculados con millonarios desvíos de recursos públicos, que hasta el momento no se han podido cuantificar con precisión, son, apenas, un ejemplo de la corrupción que se acumula.

Esto viene a colación por el pronunciamiento que realizó el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, apenas el sábado pasado en un mitin efectuado en el malecón de Ciudad del Carmen, Campeche. Ahí dijo que no perseguirá y, por ende, que no encarcelará a políticos mexicanos; “es más importante hacer la transformación de México que meter a la cárcel a políticos”, sostuvo, así, tal cual.

Los estudiosos de los sistemas políticos, del Estado y de los regímenes gubernamentales, coinciden en considerar que la democracia se caracteriza no sólo por las garantías legales e institucionales que se otorgan a los ciudadanos para elegir a sus gobernantes, sino porque su sustento legal e institucional involucra, necesariamente, la obligatoriedad de que los actores gubernamentales expliquen y justifiquen sus acciones a los ciudadanos.

Por supuesto que a partir de esta rendición de cuentas, se abre la opción real de que quienes infrinjan las leyes sean sancionados.

La vida sigue igual

Con su pronunciamiento, López Obrador ha decidido no hacer caso a la referencia anterior; decidió no dar el paso requerido para combatir la corrupción y la impunidad y, por consecuencia, nos dice también que ambos comportamientos seguirán sin combatirse. Así se entiende el adelanto que hizo, una especie de “amnistía” para todos aquellos involucrados en los casos que cité líneas arribas y en otros muchos que no han tenido la misma cobertura mediática de éstos.

No tengo claro cuáles son las razones por las que el presidente electo ha decidido contradecirse con los principios que proclamó durante su campaña, tampoco entiendo por qué contrapone el combate a la corrupción a su famosa “cuarta transformación” si está bastante claro que un país diferente se sustenta en la democracia, en la transparencia en la rendición de cuentas de sus gobernantes y, por supuesto, en el combate a la corrupción.

Ni Fox, ni Calderón, ni Peña mostraron avances en este aspecto. Hoy, tristemente nos confirma Andrés Manuel López Obrador que todo seguirá igual.

 

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