Constitución y Municipio Libre

10/02/2020
08:04
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La semana pasada celebramos el 103 aniversario de nuestra Constitución. Una fecha siempre importante para México, asumiendo que la Carta Magna es el texto rector de nuestro sistema jurídico y la principal defensa de todos los mexicanos contra el abuso de poder, la injusticia y la vulneración de los derechos fundamentales. En este sentido, cada 5 de febrero es –o debería ser– un día de reflexión nacional, un día para sopesar lo mucho que nos falta por cambiar, lo mucho que ya hemos avanzado y lo mucho que podemos perder si no cuidamos lo que tenemos.

En México hemos tenido cinco constituciones en vigor a los largo de los casi dos siglos de vida como nación independiente. De estas cinco constituciones, únicamente la actual ha sobrepasado el siglo de vigencia. Este no es un hecho menor. Nuestra constitución es una de las más longevas del mundo. Una muestra de la madurez que hemos alcanzado como país y de la estabilidad del sistema jurídico que hemos forjado a lo largo de estos más de cien años de historia.

En materia de municipalismo, la Constitución promulgada en Querétaro en   1917, adquiere aún mayor relevancia. Se trata del primer texto constitucional mexicano que contempla la existencia del Municipio Libre, tal y como lo entendemos hoy en día. El artículo 115 es el cimiento sobre el que se ha buscado construir –con sus avances y retrocesos– el Municipio, una institución fundamental para el desarrollo nacional e individual.

Antes de que naciera la Constitución vigente, en el Plan de San Luis, promulgado en 1910 por Francisco I. Madero, se decía que los gobernadores de los Estados imponían a las autoridades municipales y las manejaban a su antojo. Una prueba del despotismo y la tiranía que caracterizaban al México de esa época, y una prueba de que no se le daba ninguna importancia al gobierno más cercano a la gente. A pesar de que aún falta un gran camino por andar en materia de municipalismo, que incontables municipios del país no tienen los recursos suficientes para darle un buen servicio a su población, y que existen enormes problemas de corrupción a ese nivel, mucho hemos avanzado desde 1910.  Hoy, al menos por mandato constitucional, el Municipio no puede ser impuesto ni manejado al antojo de nadie. Hoy, como lo marca la Constitución, el Municipio es libre.

Lograr esto no ha sido fácil. Ha sido una lucha constante por mantener la libertad del Municipio frente a los demás poderes; una lucha por servir a la gente de la forma más cercana posible; una lucha por construir, desde abajo, un país donde cada individuo importa. Hoy, continuar y reforzar esta lucha es fundamental para el futuro de México. El Municipio Libre siempre necesita ser defendido como una de las instituciones centrales de nuestra democracia.

En ningún otro lugar cobra más sentido el “gobierno del pueblo por el pueblo” que en el Municipio; un espíritu de gobierno que se debe preservar de las garras de la política totalitaria que anula a la persona, a las comunidades locales, y a los valores centenarios que la cultura popular ha transmitido de generación en generación. A la luz de los hechos actuales, es evidente la tendencia centralista y vertical del poder nacional. Un hecho que debe ser combatido y frenado desde todos los frentes. Concentrar en un solo punto el destino del país es un grave error y un gran retroceso. Justamente por eso, nuestra Carta Magna dispuso la división de poderes, concibió el pacto federal y creó la figura del Municipio Libre.

Hoy el texto constitucional está más vigente que nunca. Como país debemos asumir sus palabras como letra viva, y debemos encontrar en ellas la fuerza para lograr un ejercicio de poder auténticamente democrático. 

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