Ciudadanos o partidos

Genaro Montes Díaz

Después de las pasadas elecciones, una nueva figura jurídica ha comenzado a acaparar la atención de la ciudadanía, de los analistas y de la clase política. Los candidatos independientes ganadores han acumulado en torno a ellos una infinidad de opiniones, elucubraciones y análisis que van desde el escepticismo total acerca de los resultados que pueden obtener en el ejercicio del poder, hasta la recuperación de la confianza en la democracia, y en el que la ciudadanía retome su actividad en los asuntos públicos.

Esta nueva figura de candidatos independientes, apenas incorporada en mayo de 2014, en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, ha venido a sentar un precedente interesante en la historia de la democracia mexicana ya que, desde enero de 1946, el registro de candidatos a puestos de elección popular correspondía, única y exclusivamente a los partidos políticos como resultado de la Ley Electoral Federal, promulgada por el entonces presidente Manuel Ávila Camacho.

Así pues, durante 68 años, las instituciones políticas mantuvieron la hegemonía para postular a los candidatos que los representarían, estableciendo diversos criterios de selección, ya sea por medio del tradicional ‘dedazo’ (al que ahora elegantemente se le llama designación); las convenciones o a través de las encuestas, es como las dirigencias, cúpulas partidistas y, en la minoría de los casos, la militancia, decide quiénes serán los candidatos que los representarán en las elecciones.

Bajo este esquema, los candidatos registrados por los partidos, buenos o malos, eran las únicas opciones que tenían los electores para decidir. Común ha sido escuchar a los ciudadanos decir que su voto será por el menos peor. Tristemente, en muchos casos, al no ofrecer los partidos a los ciudadanos opciones viables, la apatía se convierte en abstencionismo, y los únicos que pierden terminan siendo los ciudadanos.

Como es lógico, en un marco donde los candidatos ganadores se deben a la postulación de sus partidos, en ciertos casos terminan gobernando en beneficio de ellos, atendiendo a sus intereses y olvidándose de los ciudadanos que los eligieron.

De ninguna manera pretendo satanizar el papel de los partidos en la vida política nacional, al contrario, me parece que son las instituciones más convenientes para fomentar la participación ciudadana en favor de la vida democrática del país. Sin embargo, al día de hoy, es evidente que dichas instituciones no han sabido estar a la altura de los requerimientos y exigencias de la sociedad, ni siquiera Acción Nacional, que es el único partido político que surgió de la ciudadanía misma.

Atendiendo estas deficiencias de los partidos y con base en la nueva legislación, después de 68 años, fueron registrados alrededor de 125 candidatos independientes. Entre ellos, existen quienes pese a no contar con el respaldo de una estructura partidista y no tener los mismos recursos que los candidatos postulados por un partido, pudieron ganar una gubernatura, tres presidencias municipales —una de ellas la capital de un estado—, una diputación local y una diputación federal. ¿La razón del triunfo? Su propuesta y que representan a una sociedad hastiada de los partidos políticos. ¿El reto ahora? Voltear nuevamente a ver a la sociedad considerando lo dicho por Abraham Lincoln: la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Abogado y catedrático de laUniversidad Anáhuac. @gmontes

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