Circo, maroma y teatro

Genaro Montes Díaz

Cada proceso electoral, los ciudadanos escuchamos una infinidad de promesas, que pocas veces corresponden a propuestas concretas y casi nunca son cumplidas por aquéllos quienes, en su momento, las realizaron. La semana pasada comenzaron las campañas y con ellas las promesas.

La importancia de las campañas radica en que partidos y candidatos, mediante diferentes actos, den a conocer a la ciudadanía las plataformas políticas bajo las cuales sustentan sus propuestas para acceder al poder público; se presenten los candidatos y la trayectoria que los respalda, así como para que hagan del conocimiento de la población cuáles son las propuestas, los proyectos y las ideas con las que pretenden gobernar. Las campañas sirven pues, para que el electorado asuma la obligación de informarse y tomar la mejor decisión para emitir su sufragio.

Cierto es que muy pocos ciudadanos tomamos en serio esta obligación. Difícilmente hacemos un análisis a profundidad de los perfiles existentes, las plataformas políticas que respaldan a los partidos, las acciones de gobierno, los logros de los partidos, las propuestas emitidas por los candidatos y, por supuesto, la forma en que conciben llevarlas a cabo.

Esta apatía por parte del grueso de la población para investigar y hacer un análisis exhaustivo sobre los mejores perfiles y las mejores propuestas, repercute en que los propios candidatos hagan literalmente circo, maroma y teatro para acercarnos sus propuestas y sus planteamientos, ya que es la única manera en que la ciudadanía se involucre, participe y vote.

En este contexto, quienes aspiran a desempeñar un cargo de elección popular y no están respaldados por un partido, trayectoria o propuesta, buscan obtener esos votos a través de lo mediático y sensacionalista, aplicando como máxima aquélla de que “el prometer no empobrece” cayendo fácilmente en el populismo y la demagogia.

Así pues, esta primera semana de campañas electorales pudimos ver en las calles grupos de porristas que al ritmo de tambora o batucada hacen cánticos como si estuviéramos en un partido de futbol; tenemos páginas de internet que muestran videos con animaciones donde se presentan personas con rasgos europeos atravesando avenidas para decirnos que así sería la movilidad si votamos por un determinado candidato; hemos escuchado promesas de eliminar el predial o de proporcionar el acceso a internet a todo el estado, pero da la casualidad de que, los candidatos que han presentado tan brillantes posicionamientos no han dicho cómo lo harán, ni que recursos utilizarán para convertirlos en una realidad; peor aún, son candidatos que no se atreven hacer pública sus declaraciones patrimoniales, fiscales o de conflicto de interés.

Definitivamente los ciudadanos tenemos el derecho de exigir que los candidatos no nos vean la cara, si lo hacen siendo candidatos ¿qué podremos esperar de ellos en caso de ganar? No hay que olvidar que ya hace algunos años hubo quienes en el fervor de la campaña firmaron ante fedatario público sus compromisos de campaña, pero nunca midieron su impacto, la forma de implementarlos y, mucho menos, la manera de financiarlos.

Es triste cómo hay quienes se van con la finta, caen en el garlito y terminan votando por quien donó una despensa, bajó el precio del huevo, entregó tarjetas precargadas de una tienda de autoservicio o regaló televisiones; mientras tanto, en el México real, la crisis, la inseguridad y la corrupción siguen creciendo.

Abogado y catedrático de la Universidad Anáhuac. @gmontes

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