22 / junio / 2021 | 00:43 hrs.

Carl Orff: Carmina Burana.

Francisco González de Cossío

Excepcionalmente encabezamos una entrega con el nombre del compositor seguido del título de una de sus obras. Lo hacemos en este caso porque de inmediato que escuchamos el nombre de Carl Orff lo asociamos con su Magnus opus, la espectacular cantata escénica Carmina Burana (1936), una monumental cantata-oratorio de coros y solistas basada en cantos goliardos (clérigos de vida licenciosa, glotones y bebedores) y canciones profanas (algunas de ellas de corte erótico) de taberna de los siglos XII y XIII, cantadas en latín y en alemán, y que fueron descubiertas en un manuscrito hallado en la Abadía de Bura San Benedicto en Baviera, Alemania en 1803. El contenido es menos sacro, como sugiere su subtítulo ‘Cantiones Profanae’. Un cuadro central ‘Bibunt Omnes’, ‘todos a beber’, es una canción de taberna en la que todos beben: el señor, la señora, el soldado, el clérigo, el sirviente, la mucama, el trabajador, el flojo, el blanco, el negro el ignorante, el escolar, todos beben. El más bello cuadro, según el que esto escribe, es Tempus est iocundum ‘El tiempo es agradable´ que habla del amor ardoroso por una joven virginal. El cuadro final es el más famoso, ‘O Fortuna’, muy popular en las salas de música clásica durante el Siglo XX. Carmina Burana es la primera parte de una trilogía que también incluye Catulli Carmina y el Triunfo de Afrodita. Carmina Burana reflejó su interés en la poesía medieval alemana. El conjunto de la trilogía se le conoce como Trionfi, o ‘Triunfos’.

A pesar de haber compuesto incontables obras para teatro, la fama de Orff descansa casi en su totalidad en Carmina Burana. Este encantador oratorio de 62 a 65 minutos de duración y VII partes, con un total de 26 cuadros o ‘canciones’, la escuché y presencié por primera vez, ocasión que recuerdo con deleite, en Ginebra, Suiza, en el teatro Victoria, y me encantó; la he continuando viendo y oyendo con placer. La última vez que la oí fue con la Filarmónica de Berlín dirigida por Simon Rattle; fabulosa versión, con la soprano Sally Matthews, el tenor Lawrence Brownlee y el barítono Christian Gerhaher, con los coros de la Radio de Berlín. Hay otra versión en DVD digna de mencionar con la Filarmónica de Berlín dirigida por Seiji Ozawa y los coros Shin-Yu Kai, con la soprano Kathleen Battle y el barítono Tomas Allen. Pero me parece mejor la de Simon Rattle.

Carl Orff nació en Munich en 1895 de familia Bávara. Su abuelo paterno fue judío convertido al catolicismo. Murió de cáncer en su ciudad natal en 1982 a la edad de 85 años. En esa misma ciudad, donde creció y se educó, cofundó en 1924 una escuela de gimnasia, música y danza. El enfoque de su obra enfatizaba la participación activa de voces, tanto de coros como solistas, combinadas con instrumentos de percusión. Creó un lenguaje musical que despertara los instintos casi primitivos del escucha, un mundo de sonidos y de ritmos contagiosos, percusión y expresión vocal que logra una atracción sensual y hasta erótica del oyente.

Otra obra importante de Orff, aunque no compite con ésta en popularidad, es Música para Niños. Fue escrita para que la toquen niños o jóvenes estudiantes de 12 a 22 años con instrumentos de percusión simples. También se le conoce a esta colección como ‘Trabajo de Escuela’. Con esta obra Orff demuestra su reconocido don para la enseñanza musical.

Con Carl Orff culminamos la serie de compositores. La próxima entrega, la número 100, cierra este ciclo; será la Grand Finale. Me divertí mucho escribiéndolas. Gracias por leerme.

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