Capacidad de asombro

Gerardo Proal de la Isla

Hoy, de nuevo el mundo nos vuelve a parecer lejano, es un poco aquella sensación que se tenía en las últimas décadas del siglo XX, cuando lo que sucedía más allá de la ciudad donde habitamos, se antojaba muy distante para la gran mayoría de personas. 

Las ciudades lejanas las conocíamos en los libros y revistas que hablaban a través de los reportajes y en forma especial a través de las imágenes que nos brindaban la oportunidad de conocer esos lugares remotos. Pero había una gran emoción cuando las noticias llegaban y nos enterábamos de lo que sucedía en la lejanía, los acontecimientos cobraban mayor importancia conforme conocíamos un poco más sobre otros lugares de este redondo planeta. 

Con la llegada del internet, las cosas cambiaron abruptamente, y con cierta velocidad comenzamos a acercarnos a lo que hoy se define como “en tiempo real”, es decir, nos enteramos de demasiadas cosas que están apenas sucediendo o que ocurrieron unos minutos antes. Sin embargo, la enorme cantidad de información ha venido disminuyendo sustancialmente la capacidad de asombro, que era entonces un importante patrimonio de la emoción humana. Tal vez eso nos ayuda a explicar las mayores diferencias que tenemos las generaciones actuales, no sólo por la edad, sino por la influencia del entorno, la tecnología y la facilidad en el manejo de la información. 


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Pero afortunadamente hay algunas cosas, como la fotografía, que desde que se comenzó a tener registro de la historia en imágenes, ha narrado por sí sola la trascendencia de innumerables momentos que detienen el tiempo para enseñarnos mucho sobre lo que el ojo humano registra a través de la cámara para ofrecernos testimonios gráficos de lo que ha acontecido a lo largo de casi dos siglos. 

Les comparto esta bella imagen de la ciudad de Praga, en la República Checa, una fotografía que mueve mi capacidad de asombro cada que la veo, es de un día tranquilo, lejano a todos los momentos duros y difíciles que sus habitantes y sus ancestros vivieron, por ejemplo, durante las dos Guerras Mundiales. No obstante ser una ciudad donde las emociones sacuden a quienes la visitan, su belleza engrandece el respeto y admiración por uno de los lugares considerados patrimonio de humanidad, como también nos emociona este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

 

 

*Twitter: @GerardoProal

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