Caída de las expectativas inflacionarias | Querétaro

Caída de las expectativas inflacionarias

César Lachira Sáenz

En los últimos días el Gobernador del Banco de México Agustín Carstens mostró su tan airado optimismo sobre el comportamiento inflacionario que va entre el 3 y 4%, así como del crecimiento económico de un  4% para finales de 2012. Lo anterior resulta preocupante por la experiencia histórica que nos muestran que este tipo de discursos carecen de una estrategia de prospectiva que tome en cuenta otras variables ajenas a las formulas clásicas para proyectar la inflación. Frases como: "estamos blindados", "es sólo una gripe", "es un resfriado", que al final resultó una pulmonía económica en la que se vio arrastrado México por la crisis económica mundial del 2008, nos demostró que ningún país está blindado y todos nos vemos arrastrado por la globalización mundial en la que hoy vivimos.

A inicios del año, Carstens nos daba una proyección de la inflación de un 3%, sin embargo, la inflación en el mes de agosto fue cercana al 5% y se estima que a finales de año podrá ser superior al 4.5%. Anota el Gobernador que existen "riesgos asociados" que podrían influir en no alcanzar éstos objetivos,  y es aquí donde pareciera que los estrategas de la institución no toman en cuenta variables coyunturales que nos harían pasar de un escenario óptimo a un medio o catastrófico.

Casualmente, y en ello radica la irresponsabilidad de los funcionarios del  Banco de México, de moverse sobre realidades estáticas y no entender que son estos riesgos agregados los que  van a determinar el comportamiento inflacionario.

El Banco de México tiene sus propias limitantes, sólo puede controlar la inflación ocasionada por el exceso de circulantes, a través de los cortos monetarios; sin embargo existe una inflación ocasionada por la carestía de los productos alimenticios (riesgos asociados). El incremento del precio del maíz, trigo y la soya (hasta un 60%) nos hablan de una inflación por carestía de precio. Si a ello agregamos que los efectos de la sequía en EU van a repercutir en la oferta de granos y mostrará sus consecuencias en el último trimestre del año, entonces nos encontramos ante un escenario (al menos inflacionario) no tan óptimo como el que pregona Carstens.

Si bien es cierto que el incremento de la inflación en el mes de julio-agosto se debió en gran parte al aumento del precio del pollo y huevo, también es verdad que la disminución de la actividad económica en el país contribuye a éste escenario. Para proyectar lo que va a ocurrir no se necesita ser un gran genio. Si la producción manufacturera mexicana (exportaciones) en un 80% van a los Estados Unidos, y en éste país se estima un crecimiento pobre en los próximos 3 años de un 2.1%, es claro que afecta al país.

El optimismo de Carstens contagia a los funcionarios del estado de  Querétaro al afirmar que para este año el comportamiento del PIB será de un 6.5%; sin embargo es probable que sólo se llegue a un 5.6%, en parte porque vamos a sentir las consecuencias de la recesión norteamericana y europea. El crecimiento acelerado de los últimos 8 años empezará a tener un declive en el último trimestre de 2012 y en los dos primeros del 2013. Cabe recordar que llega a su fin el apoyo de los 15 mil millones de dólares que el Presidente Barack Obama destinó a la industria automotriz de EU., lo  que permitió al menos temporalmente, un dinamismo que benefició a la planta de insumos automotrices de Querétaro. Se acaban los tiempos electorales y el Congreso norteamericano ha manifestado que no habrá subsidios ni otros tipo de apoyo económicos al sector.

Al borde de una recesión mundial, es necesario mantener la prudencia respecto a los objetivos económicos.  En escenarios de incertidumbre es audaz establecer metas determinadas cuando el comportamiento de las variables económicas dependen de un escenario internacional convulso con más probabilidades de retrocede que de avanzar.

 

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