Bruno

Luis de la Macorra

Creo que el chef quiso hacer algo muy original  y le salió muy complicado. El café estaba bueno y bebimos tres tazas por el mismo precio.

Mi amigo Juan y yo fuimos a desayunar al restaurante que se llama Bruno, que está en Bernardo Quintana. Aunque el estacionamiento es chico, siempre hay lugar para estacionarse, gracias al buen servicio de valet parking.  

Siempre que voy a ese restaurante me acuerdo con gusto de mi mejor amigo peludo Bruno. Vivió con nosotros 15 años y todos los niños de nuestros vecinos lo querían mucho. Era un cínico inteligente. 

Cuando mi esposa y yo salíamos en la noche, antes de irme le ordenaba que se acostara en el tapete de la sala y le indicaba que estaba prohibido subirse a dormir al sofá. 

Al regresar con mi esposa, por supuesto estaba  durmiendo en el sofá, pero oía el ruido del coche y rápidamente se bajaba  al tapete. Al entrar yo me acercaba al sofá y lo tentaba para ver si estaba caliente. Por supuesto que sí y el nada más me veía y sonreía.  

Cuando tenía 15 años ya no veía de un ojo y chocaba con todos los muebles de la casa. Le dolía mucho la cabeza y se me acercaba para que yo hiciera algo por él. Le daba una aspirina infantil y eso lo calmaba tantito. Pronto me di cuenta que ya no había nada que hacer, lo llevé con un veterinario y lo lloré hasta la fecha.

Al entrar al restaurante, una amable señorita nos indicó una mesa en la sección más calientita del salón. Nos sirvió café y nos ofreció pan dulce. Pedimos una oreja que estaba buena. Mientras, leímos la carta, ya que los domingos sólo hay bufete. 

Ordenamos huevos poché benedictine y un plato de papaya para empezar. Juan me platicó que había ido a Monterrey a ver a su hermano que es muy mayor, pero que todavía  lo reconoció, cosa que le dio gusto. El viaje lo hizo por la noche en ETN, salió a las 10:30 y llegó a las 7:30, dice que estuvo excelente porque se durmió toda la noche y no hizo frío.

Llegó el desayuno. Lástima, era un plato grande, los huevos poché estaban bajo un montón de arúgula, al lado traía una canastita hecha de masa de pan llena de sabrosos frijoles refritos, pero la canasta estaba  dura como piedra,  y  junto tenía un jitomate con una rebanada de queso fresco encima,  pero el jitomate sin pelar y no se podía comer. Creo que el chef quiso hacer algo muy original  y le salió muy complicado. El café estaba bueno y bebimos tres tazas por el mismo precio.


Así lo calificamos

Salimos a calificar el desayuno y nos pusimos de acuerdo. 
El lugar, muy elegante y bien arreglado, 9.
El ambiente no es para adolescentes, más bien para ejecutivos jóvenes que desayunan en grupos de trabajo, 9.
La recepción, bien, pero nada especial, 8.
La comida; el chef hizo algo original pero no le salió bien, sólo se merece un 7.
El servicio, bien, porque nos ofrecieron café varias veces, 9.
El precio es un poco caro pero es de esperarse, ya que el lugar lo merece, 9.
En promedio,  muy recomendable 8.5

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