Arte de la Revolución | Querétaro

Arte de la Revolución

Margarita Magdaleno

Los grandes personajes fueron los hombres y mujeres del pueblo que no escatimaron en ponerse en riesgo por su suelo bien amado.

Está muy cerca la fecha en la que en México se conmemora el triunfo de la Revolución. Esa batalla en la que se enarbolaron los valores de la valentía, el amor por México; misma que los artistas plásticos aprovecharon para enaltecer el orgullo, pero también para evidenciar los méritos de la gente del pueblo que se echó a la calle para pelear por el reconocimiento de la independencia y el valor.

Los grandes personajes fueron los hombres y mujeres del pueblo que no escatimaron en ponerse en riesgo por su suelo bien amado.

Quienes tuvieron a su cargo dar fe del triunfo en la batalla, el amor entre las parejas que sabían que la muerte rondaba entorno y podía acabar con sus idilios y no obstante, se enamoraron una y otra vez, y cantaban, luchaban y no dejaban de soñar con el amor, tanto como con el triunfo. En esta batalla había desde grandes generales hasta hombres de sencillez extrema, luchando y cantando para dar fe de todas las peripecias del caso.

Este motivo lleno de fuerza permeó hasta los lienzos con caricaturas, pinceladas ligeras y obras de gran encanto que acompañaron, las también artísticas notas musicales de los corridos de la Revolución. Tan fascinantes las viñetas como los magníficos murales que dan esencia a la política y didáctica del México del principio del siglo XX.

Más allá del modo costumbrista, se plantea una nueva estética para narrar la vida, que con el tiempo también se volvió repetitivo aunque propició soluciones formales, clásicas de la iconografía mexicana de su tiempo que logró impactar no sólo en México, sino en muchos otros países donde este arte se vio y que sin duda forma parte del arte universal patrocinado por un gobierno vencedor.

La mancuerna de Vasconcelos en el intelecto y Siqueiros en la plástica universal, preservaron este arte para todo el mundo. La estética impregna la dupla de tal manera que más allá de la belleza, los ideales toman forma y los grandes espacios han dado fe de esa grandeza.

El trabajo de gran escala muralista ha sido una maravillosa oportunidad de mirar en plenitud, algo de lo poco bueno que dejaron las guerras.

Actualmente se siguen pintando los muros aunque los mensajes han cambiado el tema, pero no rigurosamente la esencia, aunque se trate de tópicos de gran actualidad donde los temas hablan de otras luchas, como los embates contra las drogas.

Lo que prevalece es el espíritu y la fuerza que imprime la escala monumental, como si al agrandar la imagen, se categorizara la dimensión del drama que se muestra.
Los murales más representativos del arte de la Revolución, sin duda, son los que todavía podemos disfrutar en la antigua Escuela Nacional Preparatoria y el Palacio Nacional u otros como los de Diego Rivera, en el Palacio de Gobierno de Cuernavaca.

Los temas retratados en aquella época son representativos de cada región y cada conflicto. Los pinceles también son identificables, así como la manera de interpretar los temas. Lo que siempre es equiparable es el gran carácter de las obras sin importar el pincel que los define.

Como metáfora de su vocablo los frescos aludidos, ciertamente, son revolucionarios, no sólo por la temática, sino por la técnica y lo novedoso e impresionante  de su dimensión y  estilo retomado desde los romanos y nuevamente puesto en vigor al servicio de la voz que se alzó para transformar a México.

Y el arte de la Revolución conmueve y fascina en la combinación perfecta de temática, técnica, originalidad en su momento y la emoción que lo mueve desde lo vivido por los personajes, hasta el honor de la raza más audaz de los mexicanos.
Digamos que es un arte que articula el valor de los revolucionarios, con la finura de la técnica de los artistas que pintaron la emoción de la vida y de la muerte para convencer con su obra.

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