Áreas Naturales Desprotegidas

15/06/2020
08:43
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El 11.14% de la superficie terrestre y el 22.05% de la superficie marina de México son Áreas Naturales Protegidas.

En estas bastísimas extensiones de tierra y de mar se agrupan nuestras mayores riquezas: bosques, manglares, selvas, arrecifes de coral, lagunas, montañas.

Para entender la magnitud de su biodiversidad: aquí habitan el 12% de las especies de todo el planeta. Y, por si esto fuera poco, en las Áreas Naturales Protegidas viven, en armonía con la naturaleza, comunidades indígenas poseedoras de una cultura de incalculable valor.

Para proteger las Áreas Naturales Protegidas –valga la redundancia– y para servir a la comunidades indígenas que ahí habitan, hace 20 años se creó La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Un organismo descentralizado de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). La Conanp se encarga de velar por 182 áreas naturales –que suman una extensión de 90 millones de hectáreas– y, en muchísimas ocasiones, es la única dependencia federal con presencia física en comunidades altamente marginadas. 

Además de cumplir una función vital de protección ambiental y de atención a comunidades, las Áreas Naturales Protegidas son una importante fuente de ingresos. De acuerdo a la investigadora Anaid García Tobón –del Programa de Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción de Fundar– por cada peso del presupuesto federal invertido en áreas naturales protegidas, estas aportaron a la economía, cuando menos, 52 pesos. Sin duda un rendimiento extraordinario, que se consigue cumpliendo uno de los fines más nobles del Estado: asegurar el derecho fundamental a un medio ambiente sano.

Hoy toda esta labor está en grave peligro. En el presupuesto de 2020 se le asignó a la Conanp un presupuesto bajísimo en proporción a su indispensable actividad: 867 millones de pesos. O, mejor dicho, se le asignó 0.00096 pesos por cada metro cuadrado bajo su protección. Un presupuesto insuficiente para atender las grandes amenazas que enfrenta: captura ilegal de especies, tala ilegal, incendios forestales, plagas, marginación de comunidades indígenas, pérdida de cobertura forestal, contaminación, entre muchas otras.

Y esto no es todo. Si el presupuesto de 2020 ya era insuficiente, ahora, conforme al decreto publicado el pasado 23 de abril en el Diario Oficial de la Federación, el presupuesto operativo de la Conanp sufrió un nuevo y brutal recorte de 75%. Si a principios de 2020 ya era difícil la operatividad de la Conanp y el cumplimiento de sus fines, ahora es utópico. Simplemente no tendrá dinero para proteger nuestras riquezas naturales y a las comunidades que guardan su esencia.

De acuerdo a la misma Conanp, a principios de este año se aprobaron 1280 proyectos presentados por las comunidades para recibir recursos. Ahora, la mayoría de eso proyectos –de ecoturismo, de apicultura, de combate de incendios, de monitoreo biológico, de restauración ambiental– en el mejor de los casos recibirán menos recursos de los autorizados y, en muchos otros, simplemente no recibirán recurso alguno. Mientras tanto, continúa imperturbable la construcción de una ineficiente y contaminante refinería, edificada sobre el cementerio de un manglar. 

Es de celebrarse, sin duda, la reducción de gastos públicos suntuosos y la eliminación de privilegios a servidores públicos, sobre todo en un país con la escandalosa pobreza que tiene el nuestro: desterrar camionetas, viajes y comidas, y destinar ese gasto a lo que verdaderamente importa. Sin embargo, resulta aberrante que se recorte el gasto de actividades esenciales para México y el planeta. Es de principal importancia que el Ejecutivo federal recalibre sus prioridades presupuestarias. Si no lo hace, en el caso de la Conanp, nuestro país sufrirá pérdidas económicas, ambientales y humanas irreparables.  

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