Apostillas del plebiscito y de la crisis de representación

Jorge Herrera Solorio

Desde hace días se dio a conocer en medios de comunicación locales la construcción, en el municipio de El Marqués, Querétaro, de un teleférico con fines eminentemente turísticos y como un medio para apoyar la creación de empleos en dicha comunidad conurbada. En el inicio del trienio del actual presidente municipal, se anunció dicha obra y se generó una serie de suspicacias, por lo que y con motivo de ello ha solicitado el apoyo de la autoridad electoral para la organización de un plebiscito.

Pero a todo esto, ¿qué es un plebiscito? La palabra plebiscito, como tal, proviene del latín plebiscitum, y se compone de las raíces latinas plebis, que traduce “de la plebe”, y scitum, que significa “decreto”, es decir, decreto o ley de la plebe. Ya más evolucionado el concepto, se le considera un procedimiento jurídico por el cual se somete a votación popular una ley o un asunto de especial importancia para el Estado. Por lo general, los plebiscitos someten a la consideración del electorado una o varias preguntas, a las cuales se puede responder de manera simple, con un sí o un no. En este sentido, la opción ganadora será la que obtenga la mayoría absoluta de votos. También se identifica con la sinonimia de referéndum. Sin embargo, el referéndum es un procedimiento, también jurídico, por el cual se someten al voto popular las leyes o actos administrativos para su ratificación, exclusivamente.

De manera sintética, podemos decir que tanto el plebiscito como el referéndum son mecanismos de participación ciudadana, mediante los cuales el pueblo puede aprobar o rechazar una ley o acto administrativo a través del sufragio. El plebiscito supone una consulta para someter a consideración del pueblo
 determinadas acciones o resoluciones de particular 
importancia, antes de su ejecución. En este sentido,
 mientras el referendo otorga al cuerpo electoral la capacidad de decidir sobre un acto normativo, el plebiscito es, fundamentalmente, un mecanismo para conocer su opinión sobre un asunto.

La finalidad del plebiscito, como tal, es la legitimación política de la medida o resolución que se adoptará a partir de los resultados de la consulta popular, de ahí que la importancia de la convocatoria al plebiscito para la construcción del teleférico, un mecanismo a través del cual se pretende la legitimación de una obra que ha generado sospechas en cuanto a su verdadera utilidad y necesidad; en efecto, las dudas hoy día sobre las políticas públicas invitan a realizar ejercicios en donde se prioricen los recursos públicos a obras de verdadera necesidad y utilidad, tales como escuelas, hospitales, carreteras, etcétera, más que a rubros de índole turística u ornamental, que al final de cuentas constituyen muchas veces ocurrencias, como ha sucedido en cantidad de ocasiones.

Los partidarios de estas consultas enfrentan, por otra parte, la oposición de una parte de ciudadanos e intelectuales que opina que recurrir a estas prácticas constituye una verdadera crisis de representación, puesto que los gobernantes requieren, ante la debilidad y cuestionamientos sobre su mandato, el refrendo o apoyo popular parcial a determinadas medidas que se consideran impopulares. Algunas acciones —desalojo de ambulantes de la Alameda en el municipio de Querétaro— que no se someten a consulta, reciben el aplauso ciudadano, a pesar de las recientes críticas enfrentadas por el alcalde Marcos Aguilar, ante el descrédito que le han generado los parquímetros, la camioneta blindada, la privatización de la basura y otras acciones gubernamentales.

En fin, gobernar hoy en día se ha convertido en una actividad que enfrenta una gran cantidad de cuestionamientos y críticas que se hacen cada vez más acendradas, duras y ácidas ante la falta de inteligencia, prudencia y austeridad para conducir los asuntos gubernamentales en los órdenes municipales, estatales y nacionales, eso sin dejar de voltear a otras latitudes sudamericanas, europeas o de otros continentes. Esperemos, pues, que en la toma de decisiones futuras, la tónica no sea el convocar cada rato a plebiscitos o referendums, puesto que deben dejarse exclusivamente para verdaderas cuestiones de trascendencia en la vida pública de las entidades.

Apostilla: “Si quieres que algo salga adelante, responsabiliza a una persona. Si quieres que no se lleve a cabo, responsabiliza a una comisión”. Napoleón Bonaparte.

Maestro en la Facultad de Derecho de la UAQ. @JorgeHerSol [email protected]

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