AMLO y la nueva normalidad

Mauricio Ruiz Olaes

La contingencia originada a raíz de la existencia del virus Covid-19 ha generado una serie de cambios importantes en nuestros hábitos implementados día con día, aún y a pesar de la resistencia de un amplio sector de la sociedad nos hemos tenido que adaptar a nuevas y diferentes medidas para poder realizar nuestras actividas cotidianas. A este conjunto de medidas se les ha llamado la nueva normalidad y tomando como punto de quiebre esta denominación, reflexionaba en estos días que desde que el gobierno del compañero Presidente Andrés Manuel López Obrador inició, en nuestro querido México estamos viviendo sin duda alguna una nueva normalidad.

Y apreciable lector del Periódico EL UNIVERSAL, usted se cuestionará a razón de que afirmó tal situación, qué marcó como punto de partida el actual sexenio del Jefe del Poder Ejecutivo, pues entre diferentes razones relacionadas con el fomento constante a la participación ciudadana, la rendición de cuentas y el cumplimiento de compromisos con alta carga de justicia histórica está el ejercicio responsable del presupuesto público que año con año se aprueba. Cabe recalcar que este presupuesto antes estaba designado entre otras cosas a sostener la vida ostentosa de los funcionarios de alto nivel que se desempeñaban en la administración pública en turno, también cubrían rubros con poca o nula claridad en su ejercicio y qué decir de la fuerte suma de dinero que se destinaba a las pensiones de los ex presidentes de México, esto sin tomar en cuenta todo el personal de seguridad que corría a cargo del erario público.

Lo mencionado en el párrafo anterior era la normalidad a la que estábamos acostumbrados las y los mexicanos, siempre siendo testigos de presupuestos aprobados con una opacidad indignante por parte de las y los representantes populares, pero desde el pasado año 2018 hemos vivido la construcción de un presupuesto transparente, aprobado con gran responsabilidad, respaldando los proyectos de desarrollo que buscan detonar económicamente las zonas que viven en un alto nivel de marginación en nuestro México y en especial dejando bases con gran fortaleza en lo que a programas sociales se refiere, esto como un ejercicio de repartición justa y equitativa de la riqueza de nuestra nación.

Por ello y basados en los principios de primero los pobres, no robar, no mentir y no traicionar al pueblo de México es que desde hace 2 años la elaboración y posteriormente la aprobación del presupuesto federal se hace con la única consigna de beneficiar a los que menos tienen e implementar vías de desarrollo en la que estén incluidas todas las latitudes del país, no sólo unas cuantas.

Así es como este presupuesto se trabaja con cimientos firmes basados en las finanzas sanas que garantizan respaldar la prioridades del pueblo mexicano, ahorrando de este modo 350 mil millones de pesos al no adquirir ningún tipo de deuda nueva, por ende se podrá invertir de manera importante en rubros direccionados al sector salud, los programas de bienestar (que incluyen a jóvenes, campesinos, mujeres, personas con discapacidad y adultos mayores), la seguridad pública y los proyectos de inversión que existen en el Plan Nacional de Desarrollo. 

Mientras tanto se mantiene el presupuesto destinado a las universidades públicas, educación básica y nivel medio superior, cultura, ciencia y tecnología, apoyos directos al campo y pequeñas empresas. Todo esto sin adquirir una nueva deuda, aumentar el costo real de los combustibles, aumentar o crear nuevos impuestos y mucho menos sin despidos masivos de personal. 

Como podemos ver la nueva normalidad está hecha de honestidad y justicia social para los que históricamente fueron marginados, esta nueva normalidad de gobierno cumple con lo que el pueblo necesita y sobre todo implementa una nueva manera de llevar la administración pública en México. ¡Juntos seguimos haciendo historia! 

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