13 / junio / 2021 | 12:33 hrs.

Al mal paso darle vías

Gerardo Romero Altamirano

Sigue la agenda de movilidad sonando duro en Querétaro desde diversos rincones y con diferentes perspectivas.

Por un lado, este regreso a clases de los miles de estudiantes y padres de familia que salieron a las calles volvió a desnudar nuestra realidad. Al paso de unos meses de vacaciones los queretanos habíamos olvidado las horas críticas en que ciertas zonas y vialidades se vuelven insufribles, por lo que una gran parte de la ciudad se vio afectada por el parque vehicular tanto por la mañana como al medio día.

Desde otro ángulo, se sigue trabajando en la puesta en marcha y correcto funcionamiento del sistema de transporte público colectivo denominado Red Q que ha sido polémico y que al menos en esta etapa parece incluir solo autobuses.

Y finalmente, el asunto del tren rápido Querétaro-México que ha iniciado con una inversión equivalente a dos años del presupuesto anual del estado de Querétaro y que nos conectará nada más y nada menos que con una de las tres ciudades más pobladas del mundo.

Todos los puntos anteriores coinciden en una cosa: nuestra movilidad tanto local como regional es una gran área de oportunidad en la que nos debemos involucrar, porque el crecimiento poblacional y empresarial de Querétaro no se agotará cuando cambien los gobiernos actuales, pues ya se generó una inercia que por el momento no muestra su fin.

Sin embargo, cuando la conversación ya tiene el tópico, no necesariamente hay que encasquillarse con una sola propuesta de solución, una ciudad de más de un millón de habitantes amerita que se combinen diversos medios y alternativas para que paulatinamente se mejore la movilidad y por ende la productividad, la felicidad de los habitantes y la calidad de vida. En pocas palabras, que se haga sustentable.

Ahí está el ejemplo de los “BRTs” (Bus rapid transit por sus siglas en inglés) como el Metrobús de la Ciudad de México, que según datos del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) mueven casi 8 veces más pasajeros que el automóvil en un carril confinado y casi el doble que el autobús. Pero no es esa la única ciudad que ya optó por el BRT; ciudades de Nuevo León, Jalisco, Puebla, Tabasco, Chiapas y Guanajuato ya tienen el suyo, además de que se encuentran en construcción en Acapulco, Cancún, Mexicali, Pachuca, Tampico, Tijuana y Veracruz.

Por el momento parece que un metro subterráneo sería demasiado costoso para el tamaño de presupuesto que tenemos, ya que los 24 mil millones anuales de Querétaro en el supuesto caso de destinarlos todos al metro, nos alcanzaría para cerca de 22 kilómetros de sistema. Pero esa misma cantidad nos daría para 350 kilómetros de BRT que al cabo de unos años, incrementando paulatinamente la red, sí puede significar gran parte de la solución.

Entendamos que transporte “colectivo” no necesariamente significa “autobús”, pues hay una serie de ejemplos a nivel nacional que ya están funcionando y que en combinación con los primeros pueden ser más eficientes y sustentables.

Según la representación en México del Instituto de Transporte y Desarrollo de Política Pública (ITDPPM), cada año nuestro país pierde 200 mil millones de pesos por el tráfico. Con eso nos alcanza para un BTR del tamaño del Metrobús del DF para cada uno de los estados de la República Mexicana. Es una paradoja que infringe el sentido común, ¿no?

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