¡Ah! Esos prejuicios (4) | Querétaro

¡Ah! Esos prejuicios (4)

Filiberto López Díaz

“Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita” Facundo Cabral dixit. Transito la trampa mortal Fray Junípero Serra, empero cuando has manejado automóvil en las principales ciudades de mundo, manejas la zona minada a la defensiva. La primera vez que vine a Querétaro, fue para competir en una carrera en el Circuito Moisés Solana, por aquel entonces lejos de la ciudad y encaramado en un Volvo de dos carburadores. En aquel entonces, teníamos un “truco” para hacer frenar al más cercano oponente, quien estaba por la parte de atrás: Al entrar a una curva, prendíamos las luces y, las llamadas “calaveras” se encendían también y como no existía la tecnología moderna, el oponente pensaba que estabas frenando y hacía lo mismo, lo que te permitía acelerar, para alejarte; es decir, soy un experimentado conductor. Todo esto lo escribo, pues ignoro si el famoso y peligrosísimo Fray Junípero es federal, estatal o municipal, situación que, en realidad, no me interesa, pero estoy cierto de que, “alguien” no está cumpliendo con su obligación de vigilar que no sigan existiendo innumerables accidentes, mismos que han costado ya, varias vidas. No ves patrullas; controles de velocidad lo que permite que, en toda ocasión, automovilistas desesperados, te rebasen por la derecha a casi 130 kms por hora y los camiones “materialistas” generalmente cargados hasta el tope invadan carriles. No soy ingenuo y, no espero contestación o acciones para mejorar lo anterior, de lo que estoy cierto es de que esas víctimas, su sangre y muerte, está en las manos de algunos funcionarios públicos de Querétaro.

Sales de El Refugio hacia el centro y a tu derecha; una barranca separa los barrios paupérrimos de la zona clasemediera; y notas, la enorme diferencia entre la pobreza extrema y la de quienes la tienen de “vista” al asomarse a las ventanas de casas construidas por centenas, exactamente iguales. Fui a buscar a una persona por cuestiones profesionales, a esa humilde zona; caminé por espacio de una hora, pues tu carro no entra y mucho menos taxis, Ubers o líneas de camiones urbanos. Llegas a tu destino y en humilde casa, huele a hogar y felicidad; toda la familia te recibe con algarabía, te ofrecen de corazón un té en el casi extinto “pocillo” de peltre y en torno a limpia y humilde mesa, dialogas de todo corazón con ellos. Concluyes: La felicidad está más cerca de la pobreza, pues el dinero te distrae de lo esencial de la vida. (Continuará)  

Especialista en Derecho del Trabajo, 
Certificado por el Notariado de la Unión Europea. 
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