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Persona Pública. El hombre consejo

Persona Pública. El hombre consejo
13/01/2014 |00:01
Redacción Querétaro
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Luiz no sabe dónde sentarse. En el Castelãu, estadio de la ciudad de Fortaleza, un martes de junio a las cuatro de la tarde, el capitán de la Selección Mexicana de Futbol y el de la selección “verdeamarela” se remitirán al resultado de un bolado para saber quién saca el balón. Allí mismo, en las gradas, quizá Luiz Ferezín también recurra a una moneda para saber si ocupa un sitio entre sus compatriotas o en los lugares asignados a los aficionados mexicanos. “Es impresionante ver a la gente en los estadios”, me dice en su español casi perfecto que aprendió así, platicando con la gente, sin necesidad de un maestro. No se considera un aficionado del futbol, pero esta ocasión amerita el viaje a su tierra natal, después de siete años en México.

“Hay dos actitudes que puedes tomar cuando visitas otro país”, me responde como casi siempre lo hace, con respuestas múltiples: 1) o comparas el país con tu tierra y te quejas de lo que no es igual, o 2) ves lo bueno que tiene y lo adoptas. Luiz tomó el número dos muy en serio.

A diferencia de otros extranjeros, lejos de refugiarse y solo convivir con sus compatriotas, convive prácticamente solo con mexicanos. Eso sí, de vez en cuando, cuando le invitan a alguna comida en casa del embajador, Marcos Leal Raposo, asiste para toparse con algunos amigos de Brasil.

Entre esos amigos, está Marcelo Melchior, el director general de Nestlé en México. “Como somos brasileños, vino y se presentó”, me dice desde su recién estrenada oficina en el nuevo conglomerado Carso, frente a la plaza comercial Antara, en la ciudad de México. Como todo en su agenda a lo que le da importancia le asigna una periodicidad, a Marcelo lo ve una vez al mes.

—¿Hablan de negocios?

—Hay muy poco que Accenture hace para Nestlé, así que hablamos de cosas de amigos.

Luiz no necesitaba venir a México. Manejaba el negocio de Accenture en Brasil, su país, desde un puesto directivo con todas las ventajas que esto conlleva. “Cuando estaba en Brasil mi responsabilidad era más relevante, tenía más influencia, tenía un negocio más grande en términos de tamaño y perspectiva, en 2006 Brasil estaba a todo dar.” Pero tenerlo todo no era suficiente para Luiz.

Llegó a la ciudad de México en 2006 con una finalidad muy clara: fortalecer la oficina de Accenture, la empresa global, de consultoría en tecnología y outsourcing, una de las Fortune 500. Hoy la ha multiplicado en más de cuatro veces y sigue creciendo.

Quince minutos

Luiz no sabe dónde sentarse. Sin embargo, ese día, en un vuelo de Aeroméxico de la Ciudad de México a Monterrey, la encargada de asignarle el asiento de ese Embraer 170 sin Business Class, tuvo muy buen tino.

Aún con el dolor de haber perdido a la madre de su hijo por una enfermedad, Luiz se sentía retraído. Pero 15 minutos antes de aterrizar, por alguna razón la plática fluyó con la compañera de vuelo que tenía a su lado. “Fui a una reunión con un cliente a Monterrey. Todavía estaba sufriendo el proceso de estar enviudado, pero fue amor a primera vista”.

Definitivamente algo que ayudó a que hicieran “clic”, como dice el propio Luiz, fueron las coincidencias. “Pertenecemos a la Young Presidents' Organization. Yo era viudo y ella también. Nos casamos y enviudamos en la misma fecha con las parejas antiguas que teníamos. Creo que es una persona que me complementa. No es nada analítica.” Se trata de una psicóloga aficionada a la bicicleta de montaña y hacer kayak. Luiz, aunque sí hace ejercicio, no cree escalar el Pico de Orizaba como ella sí lo ha hecho.

Ahí estaba este alto ejecutivo, con una sonrisa en su cara, hablándome de esta mexicana. “Es regia, así que es aún más mexicana”, me dice entre risas. “A ella le encanta el portugués. Sabe más de música brasileña que yo”, me lo dice como si se tratara del destino, algo en lo que desconfía cuando se trata de analizar los negocios.

Tres días más tarde de aquel vuelo a Monterrey, visitó a su hermano en Brasil.

—Estoy fascinado con una persona.

—¿Han salido mucho?

—No. Sólo hablamos quince minutos en un vuelo.

Actividades extracurriculares

Luiz no sabe dónde sentarse. Tiene demasiadas invitaciones a ocupar la silla de los consejos de empresas, así que tiene que escoger con cuidado porque cuando dice “sí” no se librarán de él tan fácilmente. Si es necesario, hace a un lado a Accenture, que en el mundo facturó 28 mil 600 millones de dólares (neto durante el año fiscal que terminó el 31 de agosto del año pasado), para dedicarle su tiempo personal a Impulsa, la organización sin fines de lucro que apoya la educación de niños y jóvenes en México.

“El cambio de un país se da por educación. Todos tenemos la oportunidad de invertir en filantropía en lo que queramos. Es muy fácil dar dinero, pero lo más importante es nuestro conocimiento y tiempo. Lo que hace a las organizaciones es la capacidad de su gente.”

La capacidad de Luiz, según Jaime Serra Puche, miembro del consejo de Accenture, es su liderazgo natural, “porque sabe escuchar, sabe explicar. Combina muy bien todos los temas de sustancia y hace las preguntas correctas”. Esta habilidad la aprovecha para sus otras funciones, no solo en Impulsa, sino también como miembro del consejo del Hospital ABC.

Desde que sale de su oficina, cerca del cruce de Periférico y Palmas, hasta horas de la madrugada se comunica por mensaje o correo electrónico con el director de Impulsa. No es raro que se encuentre corriendo sobre la caminadora (muchas veces para prepararse para un medio maratón) mientras contesta algún asunto desde su Blackberry. Todo esto antes de comer su ensalada de lechuga, como todos las noches.

“Este año vamos a ayudar a la educación de 235 mil jóvenes mexicanos de entre 12 y 21 años. Tenemos cerca de 11 mil voluntarios. Ha sido una experiencia increíble, de cambiar la organización, de traer una visión de negocio a una organización filantrópica”.

Eso sí, durante “las carreras”, como él les llama, a los recorridos dominicales en la avenida Reforma que organiza el Gobierno del DF, se olvida de los negocios. Allí su fin es pasarla bien y disfrutar de eso que, dice, “es una belleza. La gente no valora lo que hay acá”. Es que no es tan común ver a un directivo de empresa de este calibre “rodando” en su bicicleta durante estas actividades. Luiz no tiene problema con ello.

¿Cuál fue el aspecto número uno que me dijo Luiz sobre cómo es él mismo? Su capacidad analítica.

Análisis de la personalidad

Luiz no sabe dónde sentarse. Cada mañana que llega a las oficinas de Accenture entre 7 y 7:30 recuerda que no cuenta con una oficina personal. Simplemente escoge algún lugar disponible y allí se instala con su laptop. “Despierto temprano, miro los periódicos y tengo una hora de absoluta tranquilidad.”

“No tengo una oficina. Cargo toda mi vida en mi laptop desde 1993.” En aquel momento, recuerda cómo, siempre con su manera analítica de abordar los problemas, se tomó el tiempo de descubrir su modo de pensar, su esquema de trabajo, y así ordena, desde hace 20 años, sus archivos y asuntos en su computadora, correo electrónico y todo lo que le pertenece. Incluso su secretaria personal sigue el mismo esquema.

“Gasté un tiempo para descubrir cuál era mi modelo mental de pensar y archivé todos mis archivos de acuerdo a él. Yo no tengo archivos de papel, simplemente sé cómo buscar los temas en mi computadora”.

Todas las personas con quienes platiqué sobre Luiz, todas sin excepción, mencionaron su capacidad analítica. Quizá por eso siempre responde desglosando las respuestas, como lo hace cuando ofrece consultoría a otras empresas. Lo mismo sucede cuando compra un refrigerador, según lo dice él mismo, es “la peor pesadilla para los vendedores.”

Para él, la adquisición de algún bien es un deporte, como lo hace en sus juntas de consejo, una oportunidad de tomar la mejor decisión. Primero, se informó meticulosamente y exhaustivamente sobre los refrigeradores, su capacidad, su finalidad, relación precio y rendimiento, entre muchos otros aspectos.

Quizá le dedicó muchas horas a este paso, principalmente en ese ambiente que es su segundo hogar, internet. Buscó las variaciones entre fabricantes, videos, foros de usuarios. Eso sólo fue el principio. Después, ya en la tienda, la que él sepa que cuenta con las mejores marcas y modelos, buscó al vendedor y le pidió una serie de datos que, muchas veces, los mismos vendedores no dominan. Después de un tiempo cruza la salida de la tienda con el refrigerador que seleccionó y una sonrisa de satisfacción en la cara.

Esa misma cara resulta de sus reuniones en el consejo de la Cumbre de Negocios México, acorde con otra de sus pasiones: hablar siempre a favor de este país.

Encumbrado en los negocios

Luiz no sabe dónde sentarse. Cuando va a la playa, a Luiz no le interesa quedarse sentado. A Luiz le gusta caminar sobre la costa y sentir cómo la arena se inmiscuye entre los dedos de sus pies. “Necesito ir y tocar la arena. Caminar en la playa es algo que me da un placer increíble para pensar.”

Con sus playas o sin ellas, Luiz no se arrepiente de haber cambiado su residencia a México en 2006. Y tiene muchas razones para no hacerlo. “Soy una persona mucho mejor que en 2006 por las relaciones y experiencias que he tenido. Si me hubiera quedado en Brasil me hubiera quedado con más de lo mismo. México me ha hecho mejor ser humano y la experiencia profesional me ha hecho mejor profesional. Creo que soy una persona más completa. Fue la mejor decisión que he tomado.”

No tiene pudor a la hora de hablar bien de México. Es una bandera personal producto de la aventura que se le ocurrió tomar hace siete años. Quizá por eso embonó muy bien en el consejo asesor de México Cumbre de Negocios, que encabeza Miguel Alemán Velasco. De allí pude platicar con Marcelo Melchior (Nestlé), Lorenzo Lazo (Alemán Velasco y Asociados) y Luis Aranguren (Arancia Industrial). Los tres destacaron la manera puntual, al grano, de las aportaciones de Luiz en el consejo. Él fue de los principales impulsores del estudio que hizo en 2007, cuando la imagen del país no estaba nada bien.

Si hay algo que Luiz tiene que decir de México es “La marca tiene poco apalancamiento. Tenemos que vender mejor el país”. Es decir, el país lo tiene todo para tener una mejor percepción en el extranjero. Como prueba, menciona algunos resultados de aquel estudio.

Cuando se le preguntó a los brasileños qué número de economía era su país, respondían que era la quinta o sexta, cuando realmente estaba por el número 13. Y cuando se le preguntó a los mexicanos sobre su país, éstos respondimos que estábamos por los lugares 30, cuando históricamente ha sido mejor que Brasil. Luiz lo explica, en parte por el efecto Lula.

“Lula ha sido el mejor Chief Marketing Officer que un país ha tenido en el siglo XX, porque no es un país que tenga muchas diferencias con México.” Eso es solo un ejemplo de lo que se puede hacer con México.

Luiz se ha ganado la vida haciendo análisis como el anterior, pero no siempre le hace caso a los números y métodos administrativos. “Venir a México fue mucho más por corazón que por razón. A veces la parte analítica te ayuda a tomar decisiones pero tu instinto, tu estómago, tiene que ser el que te diga ‘voy por este lado’. En las grandes decisiones de la vida es el instinto el que te guía.”

Lo mismo sucedió con su pareja, aquella chica del vuelo DF-MTY de Aeroméxico.

***

Me acuerdo muy bien de esto. En la víspera de nuestra boda le di un regalo, un libro que yo escribí Cronología de una pasión, una historia sin fin. Es nuestra historia. El marcador del libro es aquel boarding pass.”

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