OFEQ cumple 27 años, “y vamos por más”

El violinista Miguel Epardo platicó sobre los inicios de esta agrupación, que mañana celebra su aniversario con un concierto
OFEQ cumple 27 años, “y vamos por más”
Foto: Archivo. El Universal y Rocío G. Benítez
10/04/2019
06:55
Rocío G. Benítez
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Querétaro siempre ha sido muy musical, pero le faltaba una orquesta, dice el violinista Miguel Epardo. Y en abril de 1992 inició la historia de ese sueño que ahora cumple 27 años y se llama Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro (OFEQ). 

Miguel estaba por terminar su segundo año de estudio en el conservatorio de Madrid, España, cuando le llamaron sus amigos para decirle que su ciudad finalmente tendría una sinfónica, “era un sueño largamente acariciado por muchos queretanos”, cuenta el violinista.

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En junio de ese 1992 Miguel regresó a casa y dos días después se incorporó como músico de la llamada Filarmónica del Bajío, así se le conoció inicialmente a la OFEQ. Desde entonces, el violinista ha estado con la orquesta “en las buenas y las malas”, fue testigo de su máxima gloria, cuando llenaban el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, y también estuvo ahí en las dos crisis que han vivido.

“Son 27 años, eso no es cualquier cosa, y vamos por más”, expresa y de inmediato añade “hemos vivido muchas cosas, pero seguimos vivos, seguimos tocando, y vamos a seguir tocando, somos muchas personas que queremos que la orquesta siga”.

–¡Larga vida para la OFEQ!

“Eso esperamos, yo me aviento otros 27 años, luego ya me jubilo”, contesta Miguel Epardo y luego sonríe.

Este jueves, a las 20:00 horas, la OFEQ celebra sus 27 años con el concierto “Los éxitos de los clásicos” en el Club de Industriales de Querétaro, con música de Mozart, Beethoven, Verdi, Rossini, y la dirección de Ludwig Carrasco, titular de la OFEQ.

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Una noche de 1992

 La noche del 10 de abril de 1992 debutó en el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez la Filarmónica del Bajío, bajo la dirección de Sergio Cárdenas. Silvia Tejeda (violines primeros) y Eva Petrany (violas) formaron parte de esa Filarmónica del Bajío y actualmente continúan con la OFEQ.  

“El proyecto había comenzado en Guanajuato, Querétaro era subsede, igual que Aguascalientes, pero nunca llegó a cuajar; luego quedó a la deriva y se determinó que viniera a Querétaro, entonces muchos de estos músicos de la Filarmónica del Bajío conformaron los primeros años de la Filarmónica de Querétaro y también se abrieron convocatorias para músicos de otros lugares, empezaron a llegar músicos de otras latitudes y también del interior del país”, platica Miguel Epardo.

De esos primeros años de la Filarmónica de Querétaro, Miguel recuerda conciertos con un auditorio Josefa lleno y el 90% de ese público era queretano. La agrupación llegó a nutrir la dinámica cultural de aquel Querétaro, que se describía como ciudad muy pequeña.

“Querétaro siempre ha sido muy musical, de toda la vida, de hace 200 años ya se hablaba de música aquí, hay testimonios, hubo una orquesta de cámara del Instituto de Bellas Artes que dirigía César Quirarte, hubo otra orquesta de cámara de la ciudad de Querétaro que dirigió el profesor Eduardo Loarca. Había muchísimos grupos de cámara, coros, teatro, pero nunca tuvo una orquesta de grandes dimensiones, y sí vino a cambiar mucho el nivel cultural de Querétaro, vino acrecentar la cultura y enriquecer una nueva propuesta de música sinfónica”, afirma.

Miguel se integró en junio de 1992 a los violines segundos y evoca su primer concierto con la orquesta, como una experiencia inolvidable.

“Estaba lleno el Josefa, había puros queretanos de público, en aquel entonces Querétaro estaba muy salvaguardado en cuestión de identidad, había gente de fuera pero no como ahora, uno conocía a todo mundo, en el intermedio todos me saludaban y preguntaban ¿cuándo llegaste? Recuerdo esa noche con mucha emotividad”.

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En 1997 Jesús Medina tomó la dirección de la orquesta, y de 1998 a 2017 es José Guadalupe Flores quien dirigió a la ahora Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro. Estos cambios, las mismas transformaciones de la ciudad y de público, pegaron a la agrupación. Aquellos conciertos al tope en el Auditorio Josefa Ortiz no han vuelto, su principal reto ahora es traer al público, pero hay esperanza, dice Miguel.

“Tenemos que seguir trabajando, porque sí hay publico nuevo, nos damos cuenta de eso porque cuando termina un movimiento aplauden (ríe), sí, cada vez hay público nuevo y muy interesado en la orquesta, pero la orquesta no está como debiera. Hemos tenido traspiés bastante fuertes, uno en 1997, y otro en 2017, tan fuertes, que llegamos a pensar muchos de nosotros (músicos) que la orquesta estaba en riesgo de desaparecer. Había públicos muy raquíticos en 1997, en 1998 aún, un público muy pequeño en las salas que decepcionaba salir al escenario y ver a 15 o 20 personas; y lo volvimos a vivir en 2017, pero la orquesta sigue, sigue su curso, hay gente que tenemos mucho interés en que la orquesta siga, inclusive del gobierno y los mismos músicos”.

Tener una sede propia para los ensayos y conciertos, es el otro sueño largamente acariciado por la OFEQ, pero también existen otras carencias por atender y varios proyectos por realizar.  

“Una orquesta sinfónica debe tener un presupuesto alto, nunca alcanza, debe tener una sede, una concha acústica adecuada, posibilidades de viajar dentro y fue del estado, al extranjero, tener gran calidad de solistas invitados y directores huéspedes, obviamente todo eso es una cantidad de dinero muy considerable que no tenemos actualmente; nos hacen falta uniformes, tenemos un salario bajo en relación a las orquestas sinfónicas del país, por eso me refiero a que no está como mereceríamos estar, después de 27 años, y no voy a buscar culpables ni a señalar a nadie, tal vez hay mucha gente la que ha fallado, y tampoco nosotros no estamos apáticamente, la orquesta trabaja durísimo, se han programado conciertos muy buenos y la gente no siempre está en el canal que nosotros quisiéramos, el gobierno siempre apoya, a veces no siempre como uno quisiera porque hay otros muchos proyectos culturales que también hay que apoyar, pero siempre nos han apoyado”, asegura el violinista.

El 24 de noviembre de 2016, la LVIII Legislatura del Estado de Querétaro declaró a la Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado. Y un año después, el 25 aniversario de la OFEQ se vio opacado por la salida obligatoria de José Guadalupe Flores, los mismos músicos denunciaron públicamente maltrato y un mal manejo administrativo.

Después de más de un año sin titular, la Filarmónica de Querétaro presentó en febrero de 2018 a su nuevo líder, el violinista y director michoacano Ludwig Carrasco, quien planteó desde un inicio crear una orquesta abierta al talento queretano, a músicos jóvenes y estrenar obra de compositores mexicanos. Así ha vivido la OFEQ este último periodo.

“Ludwig llegó con la consigna: ‘Vengo a construir, no a destruir’. Y eso fue muy importante para nosotros, porque muchos directores llegan corriendo gente. Ludwig es un gran músico y un director muy acertado, ha viajado mucho, ha estudiado mucho y tiene muchos conocimientos; yo espero que le renueven el contrato, él firmó por dos años y en dos años es muy poco tiempo para afianzar un proyecto y los planes que tiene son muy interesantes, además siempre nos ha apoyado, en momentos de difíciles nos ha dicho: ‘estoy con ustedes’”, añade Miguel Epardo, quien no solamente tiene un compromiso de tocar cada semana con la OFEQ, también ha colaborado en varias gestiones para apoyar la consolidación de proyectos y enaltecer la labor de la agrupación, actualmente imparte un taller en la Casa de Cultura Ignacio Mena, en donde comparte su experiencia musical con público de todas las edades para acercarlos a la música y especialmente a los conciertos de la Orquesta Filarmónica, su orquesta.

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