Faltan más niños terribles: Gerardo Esquivel

Extienden una semana más la exposición del pintor, quien afirmó que en su testamento no hay nada para Querétaro
Faltan más niños terribles: Gerardo Esquivel
Foto: Rocío Benítez
22/04/2019
01:56
Rocío G. Benítez
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“Me falta trabajar más, no me siento satisfecho”, dice Gerardo Esquivel luego de recorrer la exposición que le dedica el Museo de la Ciudad, en celebración a sus 44 años de trayectoria. La muestra, que presenta desde las primeras creaciones del artista hasta obras más recientes, concluiría hoy, pero el museo decidió extender su permanencia una semana más.

Esquivel, en una visita a su propia exposición, concedió una entrevista a EL UNIVERSAL Querétaro, en donde habla de sus proyectos pendientes, recuerda su viaje a Europa y el futuro que tendrá su trabajo, porque ya hizo su testamento y su obra no será para Querétaro.

¿Qué es lo que le hace falta terminar, eso que no lo tiene satisfecho?

—Necesito terminar muchas cosas que hice en Europa, son proyectos de libros objeto, ensambles, cuadros, series de dibujos, tengo muchas cosas por hacer y es como cerrar mi trabajo, porque mucho tiempo no tengo y soy trasplantado, tengo que pensar que mi riñón no me va a durar más allá de 15 años, aunque tal vez sí, pero 15 años está bien, o 10, para terminar mi trabajo. Le decía a Oswaldo (Oswaldo García, de la galería Da Substanz), hace algunos meses, que quería hacer un ensamble de muchas vivencias que tuve, un día amanecí afuera de la casa de mi hermano, con una amiga, bueno, era mi novia, arriba del cofre amanecimos encueraditos, entonces yo quiero hacer de eso un ensamble, vivencias que tuve las quiero hacer, unas son porno y otras no, otras son de mis maestros que tuve, otras son abstractas. Quiero hacer libros objetos, tengo unos sistemas adivinatorios que también quiero hacer, tanto en gráfica como en objeto, como en pintura.

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¿Usted se va a Europa en qué condiciones y por qué?

—Yo me tuve que ir a Europa, porque en la Universidad (Autónoma de Querétaro) me hicieron dos consejos de honor y justicia, nos querían meter a la cárcel, somos como 100 personas que no podemos entrar a la Uni ni a dar una plática y a unos nos perseguían; yo denuncié a unos maestros porque se habían robado una investigación de Bermúdez sobre cómo elaborar un taller de investigación, era el primer taller de investigación que se iba hacer en la universidad, (…) como yo denuncié, hagan de cuenta, era como la tesis de Peña Nieto con puntos y comas, estaba copiado, lo presenté en rectoría y aun así no me absolvieron, me querían echar fuera y me querían encarcelar y entonces yo dije: ya estuvo, Querétaro, adiós. Y hablé con Mariano Palacios, era una gente muy buena, y le pedí que me ayudara para irme y sí me ayudó, me dieron una beca de 20 mil pesetas, que no eran nada, pero con eso me fui, conseguí mi boleto de avión y me fui, duró una semana mi viaje, pasé por Cuba, estuve dos días en Moscú, conocí la Plaza Roja, estuve en Irlanda, luego llegué a Ámsterdam y de ahí a Madrid, luego Barcelona y ahí me quedé, vivía en hostales, no me alcanzaba para nada.

¿Se fue solo?

—Sí, a Europa hay que ir uno solo, si te vas con alguien te divorcias.

¿Cuántos años vivió en el extranjero?

—Dos años y medio.

¿Tuvo la posibilidad de quedarse en Europa?

—Claro, y yo debí haberme quedado. Julio Castillo va por mí en el 86 y me dice: ‘Compadre vamos a la Academia Libre, allá está muy bien, tienes un lugar, ya les hablé de ti’. Él era el mejor allí y me fui, yo ya había estado un mes en Madrid y no me gustó, Madrid era como Guadalajara, era horrible, provinciano, y luego estuve otro mes en París, estuve otro mes y medio en Londres. Entonces, cuando va Julio por mí, me voy a Holanda y en ese país era ilegal yo, antes no había comunidad europea, yo tenía visa española, pero aun así estuve ahí.

¿Había una rivalidad con Julio Castillo?

—Sí, nos odiamos y nos amábamos, de repente me decía: ‘Mugroso fuera de mi vida, no te quiero ver. Fuchi, fuchi, vete, vete.’ Así era Julio, y sí había una rivalidad, pero era en el trabajo, era por ver quién sacaba de la chistera algo diferente; dibujaba algo y se lo ponías en la cara y le preguntaba: ‘a ver dime ¿qué piensas?’. Cuando dibujamos juntos yo lo volteaba a ver y le decía: ‘compadre no me copies’. Y él me volteaba a ver y me decía: ‘Ay mugroso, cuándo vas a aprender a dibujar, tus rayitas nada más’.

¿Usted se considera un rebelde?

—Soy un L'enfant terrible. Sí, somos los niños terribles de este rancho confesional y del D.F., porque íbamos allá y les decíamos lo que se merecían en su cara.

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¿A Querétaro le hacen falta más rebeldes, más de esos niños terribles?

—Claro, Querétaro está todo dormido, en esa invención que dicen que es la posmodernidad y la otra invención que dicen que es el arte contemporáneo, que nunca lo definen ni una ni otra; los muchachos andan todos atarugados, ya defienden a los zarrapastrosos, ya defienden a los indígenas, ya defienden a los migrantes, hasta los que se acuestan con sus animales, por favor, pónganse a hacer cosas, a criticar, a definir, eso hacen los niños terribles, los que se ponen a pensar, que no se quedan con la clase del profesor aunque tengan tres doctorados, cinco estrellas y su birrete de obispo universitario, que se pongan a estudiar, no estudien lo que les va a dar créditos y un papel de gobierno, ¿quién es el gobierno para decir quién sabe y quién no sabe?, eso es una entelequia abstracta, los que dicen quién sabe y quién no sabe son los de tu mismo oficio.

De los jóvenes artistas ¿a quién consideraría usted?

—Hay uno que dice que es nuestro alumno, pero es autodidacta, y es muy bueno, se llama Rafael Ontiveros (Aper). Hay otro que está en este museo y lo han tenido siempre en el taller de carpintero y limpiando las paredes, un escultor maravilloso, se llama Caín Torres; está Marja Godoy, ella es muy buena; Kikyz 1313, pero se está estancando en sus imágenes perversas, yo creo que debe romperlas y hacerlas un collage, llenarlas de tinta y volver a rehacerlas, atravesarlas con una espada, tiene que hacer algo furioso con sus imágenes de perversión, eso creo yo. Oswaldo García, él está haciendo un trabajo de gráfica maravilloso y de fotografía, él es muy bueno. Y ya no conozco más, tal vez no me acuerdo.

¿Qué le pasó en sus manos?

—Tengo enfermedades autoinmunes desde hace 30 años, eso quiere decir que uno se destruye así mismo, tu sistema inmunológico te ataca a ti mismo, dicen que tengo un lupus muy extraño porque me da esto que parece artritis, pero que no es, me dio púrpura rosa en los pies, lo del riñón, dicen que tengo un lupus que tiene un gen universal, agarra lo que sea, y ahora como tomo mucha medicina para controlar, se llaman inmunosupresores, me han afectado mucho mis manos, pero puedo pintar bien, aunque de todos modos me las tendré que operar próximamente.

¿Su padecimiento del riñón afectó su proceso creativo?

—Me detuvieron, sí, pero aun así hice una expo aquí todavía. Ya muy enfermo no tenía energías, estaba postrado en una silla, pero leía un poco, ahora estoy dibujando muy bien.

Hace poco más de un año fue su trasplante de riñón, fue una operación riesgosa, ¿pensó en ese momento en la muerte?

—Claro, de hecho Oswaldo y mi sobrina Andrea me ayudaron a llevar del taller a una casa de mi hermano todo lo que tenía, porque tenía que estar todo concentrado, por si no salía adelante; y mi gran amigo, como hermano, Alfonso González Rivas fue a mi casa y me hizo el testamento. Yo sabía que me podía morir.

¿No había miedo?

—No y en la operación tampoco, yo sabía a lo que iba. Eran cinco horas de operación.

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¿Qué es lo que dictó en ese testamento, qué va a pasar con su obra?

—No se la voy a dejar a Querétaro, han sido tan malos conmigo, no les voy a dejar nada, nada. Ya hay un fideicomiso pero no se va a quedar aquí.

Entonces, ¿a dónde se va?

—Ya hay un destino, ya mis hermanos saben qué hacer con ella. Yo ya la tengo concentrada y a ver a qué rancho se la dejo. Pero yo nací en el D.F., y tengo muchos nexos con San Miguel, allá estaba mi madrina, que me cuidó de chiquito, mi madrina era una religiosa, Sor Margarita, ella me enseñó a dibujar, yo tenía 10 años; entonces tengo un nexo también con San Miguel.

¿En alguno de estos dos lugares quedará su obra?

—Sí, aquí (Querétaro) no me quieren.

En sus palabras, ¿quién es Gerardo Esquivel?

—No sé. Sigo siendo el mismo niño terrible. El otro día que leí lo que me publicaron en EL UNIVERSAL Querétaro, dije: ¡Válgame Dios, con razón no me quieren! Tienen razón, pero qué bueno que no me perdonen, yo no quiero que lo hagan, yo no quiero su perdón ni tampoco les pido perdón, no ¿por qué? Yo hice lo que tenía qué hacer. Sí, era un niño terrible y necesitaba unos coscorrones, ahora lo veo, pero éramos unos muchachos y creíamos en Marx, ¿qué es eso? Creíamos que Nicaragua era una gran solución para América, era mentira. Creíamos que Cuba era libre, mentira. Necesitábamos unos coscorrones cuando estábamos jóvenes, cuando estábamos en Psicología, en Bellas Artes, sí, sí los necesitaba, pero en esencia lo que hice era justo. Y además si los espante, no tienen de qué espantarse, porque yo soy resultado de esta ciudad.

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