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Cuento | Humbert según Lolita

Primera parte
Cuento | Humbert según Lolita
Ghost girl; ilustración de Mark Ryden. Cortesía
14/07/2019
10:01
Ayari Velázquez
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Primera parte

Yo soy Lolita, Lolita luz de su vida, fuego en la entrepierna. El más grande pecado. Lo -li- ta: la punta de su lengua emprende un viaje de tres pasos, paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta

Soy Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba de pie y bien derecha, midiendo metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Soy Lola cuando llevaba puestos los pantaloncillos vaqueros, era Lola en faldas floreadas, era Lola en corpiños. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en los brazos de Humbert, siempre fui Lolita

Lolita, la que jugaba a ser mayor, la que pintaba sus uñas y labios con el maquillaje de mamá, de Mrs. Haze, mejor conocida como “La mujer Haze”, “La vaca gorda”, “La repugnante mamá”, “Haze la abominable”, Mrs. Haze la que nunca tuvo a bien amarme y cuidar de mí. La que por algún trastorno que desconozco, haya entrado en una profunda competencia conmigo. Una competencia de belleza y encanto, sin saber que el premio era la muerte para ambas a manos del mismo criminal, aquel que se hace llamar Humbert Humbert, el hombre oscuridad, que como su nombre lo dice, solo me arrastró hasta las sombras.

Escribo porque quiero recordarles, señoras y señores del jurado, que cuando Humbert llegó a nuestra vida y a mi cama, yo tenía doce años. D-o -c- e.

Ahora, en el lugar en el que me encuentro, veo con rabia más que tristeza que algunos de ustedes me han declarado culpable de mi propia desgracia y claro, de mi muerte. Permítanme entonces relatarles, ahora que ya es tarde, ahora que no soy más que una marca, una moda, un color de cabello, un estilo de vida, una canción (detalles que para cualquier artista fallecido a temprana edad, sería la manera de perpetuar su arte en el mundo, pero para mí es el recuerdo de que Lolita siempre será culpable de su propio destino), todo aquello no son dulces ofrendas en mi nombre. Hoy mi nombre es una fantasía. Les contaré mi versión de la historia, porque ustedes solo saben, estimados señores, lo que Humbert quiso que supieran, él los llevó de la mano hasta aquel término que fue creado por el mismo para referirse a, ya saben, las de mi especie. El término que justifica todo lo cometido. Si se es nínfula, una es poseedora de un poder fantástico que te permite conseguir lo que quieres, lo que sea que eso signifique. ¿No es acaso un pensamiento muy evolucionado para una criatura de d.o.c.e.?

Señoras y señores del jurado, el Sr. Humbert Humbert, hombre cuarenta y siete años de edad llegó a nuestras vidas como un recomendado de un amigo de mi madre, para ser nuestro inquilino durante un período de tiempo. El Sr. Humbert era maestro de literatura y estaría en la Universidad Estatal impartiendo un diplomado. Mi madre, una mujer viuda, ignorante y pretenciosa, quedó encantada no solo con el linaje europeo del nuevo inquilino, sino con el cliché de su profesión: escritor. Para los ojos de la Gran Haze, él era un hombre de mundo, además de educado y elegante, un buen partido para una viuda que no solo podía ofrecerle algunos vestigios de su juventud, ya que mi padre fue mucho mayor que ella, sino un hogar, estabilidad y una familia. Un padre para su dulce pequeña, como lo describe en aquella carta en la que le confiesa no solo el gran amor que se le puede tener a un perfecto extraño, sino la intención de compartir su vida con él, de compartirnos. Ahí tuvo la oportunidad el retorcido pero astuto profesor, para comenzar lo que él llama mi niñez PreHumbertiana.

Artículo
“De mi mente no salía aquel jinete en busca de sustituto y miraba a mi alrededor buscando a alguien que fuera más chico que yo, pero no tuve suerte”
#Cuento| Sed de vivir#Cuento| Sed de vivir

Antes de la carta mencionada, existieron varios acercamientos clave que Mrs. Haze tejía noche tras noche para envolver a su presa. No era asunto mío, pero obtuve algunos beneficios de tanta supuesta galantería, paseos, ropa y la oportunidad de incomodar a Big Haze, como un juego de quien solo quiere llamar la atención.

Era una niña, si tal vez no de fácil crianza, pero no tenía malos pensamientos. Jugaba con mis amigas a simular que éramos grandes figuras del tenis, carreras en las bicicletas, bailar don’t sit under the apple tree anyone else but me, anyone else but me, anyone else but me, no, no, no.

Me gustaba mirar revistas y enamorarme de los famosos que salían fotografiados en ellas, James Dean, Marlon Brando, Alain Delon, Jean Paul Belmondo… Sé ya lo que están juzgando. Todos platónicos hombres mayores ¿Y qué? ¿Eso le daba algún derecho o justificación a Huntbert? ¿Es acaso el comportamiento clásico de una nínfula? ¿Es normal que una chiquilla pueda fantasear con un beso de alguno de los antes mencionados? Consideren señoras y señores del jurado su respuesta. Yo solo quería ser la linda Holly Golightly de Breakfast at Tiffany’s. Según Humpbert yo tenía una inclinación por el séptimo arte, eso es cierto. Pero el gusto lo desarrollé en la marcha, era uno de los pocos escenarios en los que Hungryerg, no estaba sobre o dentro de mí. Así que sí, vimos muchas películas y sí, me habría encantado ser actriz, pero ni eso pude elegir. La primera y única vez que pude ser algo más que solo Lolita, él no me lo permitió por lo que el justifica como miedo a perderme, perder mi amor; situación que más bien se traduce como el miedo a perder el poder que siempre tuvo para poseerme, el miedo que le daba la idea de dejar de pertenecerle me costó soledad, golpes, violaciones, humillaciones. ¿Y por qué Lolita no huyó antes? Lo intenté, pero él siempre fue más astuto, más rápido, más agudo y descubría mis planes y mi dinero. Dinero que me convirtió en una prostituta profesional, entonces me atrevo a llamarme nínfula, porque en eso me tuve que transformarme para sobrevivir. Una nínfula cualquiera que cedía sus mieles a cambio de algunos dólares. Fui todo, menos lo que decía cada vez que me preguntaban que quería ser cuando fuese mayor.

Señoras y señores del jurado, lo anterior fue un desahogo resumido de mi breve adolescencia postHubertiana. Me gusta imaginar que aquella obra que no existió para mí, era la puerta de la libertad, que habría salvado mi vida. Que me habría alejado no solo de Humbert sino de Quilty, pero hoy, Clare Quilty no es importante. Clare Quilty es solo la consecuencia de la ambición y enfermedad del profesor. Si lo vemos objetivamente, Hunkbert me llevó hasta Clare. Si Humbert se hubiera quedado en su antigua vida, en la búsqueda de nínfulas, pero muy lejos de mí; mamá no habría salido corriendo de la casa con el corazón y el orgullo destrozados, después de leer la realidad que abrazaba su supuesto matrimonio, mamá no habría descubierto que estaba casada con un hombre cuyo único objetivo era pasar el rato bajo los blumers de su Lolita, mamá sería Mrs. Haze y no Big Haze, mamá estaría viva.

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