#Cuento | El amor en los tiempos del coronavirus XI

Parte 11 - Ayari Velázquez
#Cuento | El amor en los tiempos del coronavirus XI
Foto: Especial
21/06/2020
10:34
Ayari Velázquez
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Parte 11

Malas noticias para la familia de Tomás, su hijo había sido víctima de un asalto y se encontraba en el Hospital Español después de haber recibido una golpiza.

En México las cosas suelen arreglarse a golpes o con magia (cuando te desaparecen y no existen testigos ni rastro qué perseguir, solo esperar que tu cuerpo aparezca flotando en algún canal o en una bolsa de basura, Tomás tuvo suerte), Pablo solamente hizo lo que el pensó que era justo y se prometió que Ximena jamás sabría el método que utilizó para impartir justicia, no quería asustarla, no quería mostrar su oscuridad ante ella, no ahora que hablaban de una gran boda postapocalíptica y que la vida de ambos, por fin, se fundiría en una bella historia con final feliz.

La familia de Tomás encontró a su hijo con la cara tan hinchada que no podían reconocerlo, una pierna rota y un joven sentado a su lado acomodando la almohada.

—Hijito mío, pero ¿qué te hicieron? ¡Mira nada más cómo te dejaron!

—Hay cámaras, ya moví unos contactos para que revisemos quienes fueron —interrumpió el padre de Tomás.

—Déjalo así papá, no tiene caso.

—¿Cómo carajo no? Cuando sepa quienes te hicieron esto, no van a volver a ver la luz del día, voy a refundirlos como ratas.

—Fue mi culpa papá, déjalo así, solo vas a empeorar las cosas.

—¿De qué estás hablando? —preguntó su madre consternada— ¿Dónde está Ximenita? Entiendo que tengan sus diferencias, pero mijito, mira como estás, ¿por qué ella no está aquí? ¿Y quién eres tú? —preguntó mirando con extrañeza a Raúl quien tenía una herida en la ceja.

—Señora soy Raúl, estuve con Tomás cuando lo golpearon, no vi sus rostros porque usaban pasamontañas, no pudimos defendernos porque eran muchos.

—¿Y qué hacías con mi hijo?

Raúl miró a Tomás y no contestó, no era el momento para semejante revelación. Pero la madre de Tomás insistía en saber quién era el tal Raúl y por qué Ximena no estaba ahí.

—Él es Raúl y es mi pareja —explicó un Tomás seguro de sus palabras— Estaba conmigo porque somos novios desde hace cinco años…

—¿Pero Ximena es...?

—Déjame terminar mamá, Ximena es una escort, le pagaba para que pretendiera ser mi novia y así tenerlos a ustedes tranquilos, pero un día ya no pude más y borracho y enojado golpeé a Ximena hasta cansarme. Lo que me pasó hoy es una respuesta de uno de sus clientes que siempre ha estado enamorado de ella, no sé cómo se llama, pero tiene un cargo en el gobierno y es intocable. Este es su hijo, obtuve lo que buscaba así que ya ni le muevan.

El silencio hizo presa a todos los que estaban en la habitación 121 esa tarde en el Hospital Español, no se veían entre ellos, cada quien eligió mirar hacia un objeto diferente y nadar en la inmensidad de sus pensamientos. ¿Les mencioné que la madre de Tomás es Marisol, amiga de Sofía, esposa de Eduardo? Marisol quien está enamorada desde siempre de Juan Carlos Albarrán, novio de Regina, amiga de Ximena. Marisol que se casó por no caer en la pobreza porque su familia se había quedado sin dinero por el mal manejo de algunos negocios y rápidamente Sofía entró al auxilio de su amiga presentándole a don Alfonso, su esposo, reconocido abogado y dueño de casas de préstamos. Hoy ambos recibían la noticia de que su hijo les había mentido con su sexualidad, que había golpeado a una mujer al punto de que por venganza casi Tomás pierde la vista y que desde hacía cinco años mantenía una relación con aquel joven que con ternura y amor limpiaba el sudor de la frente de su hijo.

—Si te hubieran matado a golpes no sentiría la vergüenza que siento por ti en este momento, habría podido manejarlo en los periódicos, limpiaría tu nombre, diría que te mataron por una mujer.

Recordemos que alguna vez don Alfonso le dijo a su hijo que preferiría verlo muerto antes que verlo homosexual. No hubo tiempo para peleas, el padre dio media vuelta y salió del cuarto azotando la puerta. Raúl apretó la mano de Tomás porque él, aunque permanecía estoico, se tragaba las ganas de llorar y de salir corriendo detrás de aquel hombre a quien admiraba y amaba.

Marisol se levantó también.

—Voy con tu padre porque mi lugar es a su lado. Tomás seas lo que seas, somos tus padres. No entiendo lo que pasa, no entiendo porque eres esto que dices que eres.

—Soy gay mamá y soy un criminal por lo que le hice a Ximena…

—¡Cállate! —interrumpió en llanto contenido— Seas lo que seas, eres nuestro hijo y seas lo que seas te amo —se acercó para besar tiernamente a su hijo en la frente y dirigiendo una mirada entre extrañeza y amabilidad le dijo a Raúl— Gracias por defender a mi hijo.

Raúl sonrió y ella salió del cuarto.

La Beba estrenaba chofer, Mauricio que puntual recogía a la señora para llevarla a la notaría de Juan Carlos Albarrán. En el camino conversaron un poco, recordemos que a La Beba, como a Sofía, el chisme, el rumor, la suposición eran las mejores maneras de pasar el día en aquella insatisfacción sexual en la que vivían en secreto.

—Mauricio qué bueno que te contrató mi marido, no sabes qué fastidio es manejar en la ciudad, con cuarentena y todo, eh, no se de dónde sale tanto coche si se supone que la gente se tiene que guardar.

—¡Ay doña Genoveva! Si supiera cómo se vive en mi colonia, es como si no pasara nada, todos siguen en sus labores, con sus puestecitos y sus pachangas.

—Gente ignorante, qué bueno que tú y tu familia son diferentes. ¿Cómo está tu mujer, por cierto?

—Muy bien, pues ahí en la casa encerrada la pobre, no sale, está con los niños y las tareas.

—Eso es lo que debe hacer una buena mujer, ocuparse de su casa, sus hijos y su marido, para que no anden de volados con jovencitas.

—Cómo cree doña Genoveva, yo respeto mucho a mi mujercita que es casi una santa.

—Haces bien, porque las muchachitas oportunistas andan por todos lados, cuídate porque seguro en tu colonia cuando vean el coche que traes, digo, aunque no es tuyo ¿verdad? pero bueno, ellas no saben, solo andan calculando qué pueden sacar de hombres buenos. Como ahorita que vamos a ver al señor Albarrán que le ha dado por tener una novia jovencita, Sofía, la esposa del señor Eduardo, me platicaba que la muchachita quiere incursionar en nuestro círculo ¡Qué vergüenza! ¿Qué puede aportar una mujer así? No tiene clase, no tiene mundo, pero bueno, cuídate de ese tipo de mujerzuelas y cuida a tu familia.

—Gracias por el consejo —contestaba un Mauricio que ya contaba las quincenas para poderse comprar nuevamente el amor de Ximena.

Ya en la notaría La Beba saludó con cariño y distancia a Juan Carlos y le explicó que su marido no había ido porque tenía otros compromisos, pero que le mandaba saludos.

—Por su edad, querido, más que nada, por eso no me gusta que ande saliendo, no queremos que se enferme. Oye, pero qué bien te ves ¡eh! Siempre Marisol dice lo juvenil que te vistes y lo guapo que luces y es cierto, te sienta muy bien el azul.

—Gracias Genoveva, pues hay que firmar estos papeles y está listo solo que sí tiene que firmarlos tu marido, si quieres llévatelos y paso cuando tú me digas por ellos.

—Muy bien. Oye, pero cuéntame ¿cómo estás?, ¿qué dice la novia? Muy jovencita me dice Sofía, no sabía que te gustaban tan chiquitas, ¿no te aburres?

Juan Carlos sonrió, abrevió la respuesta que tenía pensada a un “Estamos muy bien, te acompaño a la salida”. En tiempos de pandemia, el virus del chisme siempre resulta más letal.

 

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