Capítulo 2

—Hoy siento un inmenso hueco en el alma y en mi camino veo constantes señales que me exigen mirar hacia atrás. Tengo que decírselo, porque voy a volverme loca —dije de manera precipitada dando un salto de la silla.

—No vas a ganar nada. Ya no quiero que te lastimes. Vámonos al Puerto, por favor Isa, no tenemos nada que hacer aquí. Además sabes bien que René no va a mirarte de manera distinta ¿Eso no te da miedo?

—¿Sabes qué es lo que más miedo me da? Seguir viviendo así el resto de mi vida. ¿Y quién dijo algo sobre hablar con René? —me puse de pie, le di un beso en la frente y salí de casa.

Detrás de cada mujer como yo, hay una historia que lo explica todo. Esa verdad que apenas y puedo confesarme a mí misma.

—Isa, ¿sabes qué es el arte? —me preguntó un día en el que salíamos de una gruta, reposábamos recostados sobre el pasto.

—¿Hablas de los bonitos cuadros, de las bailarinas, de los teatros?

—Bueno, claro que es arte. Pero hablo del arte que vemos todos los días —me explicó pacientemente, como era habitual—. Las personas que hacen lo que aman, transforman su vida en arte. Busca eso desesperadamente, busca el amor en lo que te apasiona y encontrarás esa luz. No mires atrás, ni busques compañía, porque en la búsqueda de uno mismo las respuestas se revelan cuando estamos en exacta soledad.

—Vas a irte —yo sabía que se iría lejos, porque ciudades tan pequeñas donde nunca pasa nada, martirizan a los poetas.

—Sí.

Sin embargo, sus planes eran muy diferentes:

—Isabel, me voy mañana y Ruth se va conmigo. Te amo Isa, pero yo no soy tu camino, jamás lo entenderías. Perdóname — intentó abrazarme pero yo ya me había puesto de pie y comencé a caminar sin voltear atrás. Gritó mi nombre un par de veces.

—Vete a la mierda —dije con voz muy clara y los ojos rotos.

Eso ocurrió cuando yo tenía 16 años. Dos años más tarde abandoné El Puerto y todo lo que solía ser, para vivir en la capital y convertirme en lo que hasta el día de hoy, pensé que sería el resto de mis días. Jamás logré dejar eso de lado, tenía tantas dudas, tanto miedo>>.

Compré el boleto con la salida más próxima al Puerto. María intentó decirme que no serviría de nada, pero si me iba a atrever a abrir un nuevo en mi vida, tenía que buscar a Daniel, tenerlo de frente para poder perdonarme y culparlo de mi desventura y renovar mi vida. Tenía que verme, saber que ya no era una niña, pero que mi vida seguía girando en torno a él, que en mi mente solo había preguntas sin respuesta, suposiciones enfermas. Yo lo había buscado en tantos, en todos, cada uno de ellos había sido un mirada hacia atrás, un intento fallido de recuperarme en otros brazos.

La última vez que vi a Daniel, hacía ya cinco años. En el lugar menos esperado y en una situación incómoda, como usualmente ocurren los encuentros que se evitan. Fue en un bar, yo estaba con Damián y unos amigos. Lo visualicé y se acercó a nuestra mesa, él no habría notado mi presencia, yo en cambio, sentí frío y pensé que me iba a desmayar. Parecía que conocía a nuestros acompañantes y entonces se sentó frente a mí.

<<“Isa” fue lo que pude leer en sus labios, ya que la música no me permitía escuchar nada. Se puso de pie y se sentó a mi lado yo no podía decir palabra. Comenzó a hablarme de sus viajes, sus libros (de los cuales jamás me atreví a leer alguno), de los vinos, de París, de personas renombradas en su ámbito laboral, de reuniones, del mundo, del café. Damián molesto, salió a fumar y ya no regresó.

—Isa eres la mujer más hermosa, ahora que he visto el mundo, puedo asegurar que así es. Te ves tan linda —tal vez notó que su comentario no me hizo la menor gracia, además que no habría articulado palabra desde que el empezó a hablar, si acaso algún gesto de aprobación—. Te busqué, regresé a Tulúm y ya no estabas, María sabe que es verdad… ¿Por qué no dices nada?

—Pues no hay mucho que contar —dije sonriendo y poniéndome de pie—. Qué gusto saber que has visto el mundo Daniel, nos vemos.

—Isa —dijo tomándome del brazo—. No te vayas.

—¿Por qué tendría que quedarme? —tomé mi bolso.

—Porque yo necesito que te quedes…

—Tu necesidad no es suficiente, así como mi amor tampoco lo fue en su momento. Buenas noches Daniel.

“Sigues siendo un malestar, una tristeza que sofoca mis pensamientos y que nubla mi día. No me emociona nada y no sé si tenga que ver contigo, pero se siente igual que en los tiempos en que mi tristeza era por ti. Maldigo tu nombre y tus manos. Me has vuelto destructiva. Salud Daniel”.

Ese día supe enseguida que fue un error no haber le dicho nada. Seguramente la vida ya no lo pondría en mi camino una vez más, y yo tendría que cargar con todo esto>>.

Llegué al aeropuerto del Puerto. Era la primera vez que viajaba sola, nadie cargaba mi maleta, nadie tomaba mi mano, nadie estaba detrás de mí, eso era nuevo. Miré el reloj, tuve miedo. Estaba en mi hogar y me sentía una perfecta extraña.

Hay momentos en la vida en los que forzamos situaciones para satisfacer nuestros deseos mundanos y esa estúpida necesidad de pertenencia. Pero esta vez era diferente, por primera ocasión en mi vida nada había sido planeado. Acostumbrada hasta para dar horarios a mis placeres, aquello era una sensación totalmente nueva.

Me asaltó el pensamiento racional que me indicaba que no tenía nada que hacer ahí, no tenía donde pasar la noche, ni el boleto de regreso. Entonces vibró mi celular. Era un mensaje de María: 8331557890.

Marqué ese número antes de que mis pensamientos terminaran por convencerme de que no era una buena idea estar ahí.

—¿Diga? —contestó una mujer y tardé un poco en reaccionar—. ¿Hola?

—Buenas tardes… quisiera hablar con Daniel Castillo por favor.

—¡Claro!, permítame un momento —la voz se escuchaba tranquila, la mía era lo suficientemente firme como para no aceptar una negativa por respuesta, cualquiera que fuese la consecuencia de la llamada.

—Habla Daniel.

—Daniel… soy Isa —hubo un momento de silencios, de esos que te dicen todo.

—¿Dónde estás?

—En el aeropuerto. Voy a ir a casa, tengo contemplado llegar a las 6pm y quiero que hablemos por favor.

—Elisa no… —su voz flaqueaba.

—A las 6pm cuento con que podremos hablar Daniel.

Finalicé la llamada con el corazón en la garganta y los dedos destrozados.

***

El dato

#Cuento| Capítulo 2. Isabel
#Cuento| Capítulo 2. Isabel

Segunda entrega.  Ayari Velázquez comparte con los lectores el segundo capítulo, de seis, de un relato que escribió en 2009.

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