Harina de trigo, agua, levadura y sal, entre otros, son los ingredientes básicos que se utilizan para preparar una pizza; después va la salsa de tomate, el queso y una infinidad de elementos que le dan su sabor característico. Se trata de una especialidad de la gastronomía de Nápoles, Italia y su historia es muy antigua.

Su antecedente más conocido, en el mundo, está en Grecia, cuna de los panes planos, donde se preparaban plakuntos decorados con hierbas, especias cebolla y ajo, además de panes con queso fundido y dátiles para los soldados persas en el siglo V a.C.

“El origen más aceptado proviene de la antigua Roma, donde se acostumbraba hacer pan de forma circular y, luego del cocinado, lo cortaban en porciones como en las pizzas actuales”, explica el chef y profesor de cocina Daniel Serrano .

Las referencias bibliográficas más antiguas son del siglo XVII. Se dice que este tipo de pan lo preparaban las personas de escasos recursos y que en la época del rey Fernando I (1751–1825), la reina lo prohibió. Entonces, el rey se vestía de plebeyo para visitar un barrio pobre y comer pizza. Más tarde confesó su gusto y este alimento se convirtió en un éxito entre los italianos.

Sin embargo, otros registros señalan que la fama se generó gracias a la llegada del jitomate de América. Éste fue llevado por los españoles en 1554, los italianos lo complementaron con condimentos y su sabor convirtió a Nápoles en la cuna de la pizza.

“Como plato popular aparece posiblemente durante el siglo XVIII y no merece, hasta nuestro siglo, los honores de figurar en los recetarios de cocina”, afirma Daniel.

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