¡Funden sus gustos!

Vida Q 28/02/2013 00:14 Actualizada 08:40

El nombre de Adobe Guadalupe evoca conceptos de calidad, cuidado y armonía, de una visión evolutiva en el manejo de una bodega que se ha dedicado a hacer vinos de gran calidad, dignos de compartir en la mesa con cualquier otro caldo a nivel mundial.

La bodega se encuentra situada en el Valle de Guadalupe cerca de Ensenada, Baja California, esta región representa aproximadamente el equivalente a dos tercios de Napa Valley, con condiciones climáticas muy similares a las del suroeste francés y es la sexta en importancia por su producción.

“En 1996 mi esposo Donald Miller y el enólogo mexicano Hugo D’Acosta empezaron a buscar terrenos en el Valle de Guadalupe para plantar 11 variedades de vid que habían seleccionado y traído de Francia para evaluar su crecimiento y desarrollo en tierras mexicanas, ése fue el inicio de Adobe Guadalupe”, comentaba Tru Miller.

El matrimonio Miller, llegó a vivir a Ensenada, México después de la triste muerte de su hijo Arlo en un accidente automovilístico, quien era un apasionado de la cultura mexicana y devoto de la Virgen de Guadalupe, de ahí su necesidad de establecerse en tierras mexicanas.

LOS PRIMEROS FRUTOS

Aquellas 11 variedades fueron plantadas a finales de 1996 e inicios de 1997, siendo hasta el 2000 la primera cosecha de la bodega.

“A Donald le encantaba el Châteauneuf du Pape y encontró en Hugo D'Acosta un cómplice de esta aventura para evaluar el desarrollo de uvas como, Mourvedre y Cinsault, variedades muy poco conocidas en México”, narra Miller.

Los sueños de Donald y Tru al parecer tenían su destino en el Valle de Guadalupe, el de Donald su viñedo y el de Tru, además de los vinos, los caballos. Pareciera que desde temprana edad se hubieran trazado en su mente estas dos ilusiones.

“Nací en Holanda y tenía alrededor de ocho años cuando mi madre nos llevó de vacaciones a la región de Toscana, Italia, fuimos a visitar la bodega de Sassicaia, en donde admire unos hermosos caballos y unos impresionantes viñedos.

“No imagine que pudiéramos cristalizar nuestros sueños, dos años después de la primera cosecha iniciamos la construcción de caballerizas”, puntauliza Miller".