Al abordar "El Queretano", el tranvía turístico, la aventura comienza. El simpático camioncito avanza unos metros, va lento. De pronto, se detiene porque una señora con bolsa de mandado se atraviesa en su camino; no mira al conductor, pone cara de me vale y sigue su camino. A la mujer le preocupan más las naranjas que compró y el tiempo que hará en la fila de las tortillas.

"De este lado, a su izquierda, el Templo de San Antonio de Padua, favorito de las queretanas que vienen a pedir marido", dice Janeth, la guía de turistas.

"De ese otro, el templo del Carmen, donde está el Cristo de los Trabajos, y donde la gente viene para pedir trabajo", agrega la mujer, tratando de ser simpática.

Janeth explica que es un Cristo de madera hecho por indígenas y que lo del trabajo no es por lo de conseguir empleo, sino por una mula que se echó en el áureo de la iglesia y como vendedor ambulante, se negó a levantarse y finalmente lo hizo cuando le dio la gana.

Santiago de Querétaro tiene tantas iglesias como casi todas las ciudades en la provincia mexicana, que tardaríamos días en conocerlas todas y explicar sus detalles.

De este lado, dice Janeth, el Teatro de la República. Antes llamado Teatro Iturbide, por el emperador, porque para sorpresa de un paseante guatemalteco, México fue en algún momento una monarquía.

Que en ese teatro se fundó el primer partido político en forma, que luego se quedaría décadas en el poder, el PNR y luego sería el PRI. También, que en ese lugar cantó la soprano Ángela Peralta.

Relata que Venustiano Carranza se asentó en la ciudad, con todo y sus grandes bigotes blancos, y su regimiento. Que fundó el Congreso Constituyente, para redactar la Constitución mexicana de 1917.

De este lado, la Plaza Constitución y una fuente que baila, explica, antes llamada fuente del Rejo. Debajo de ésta, un gigante estacionamiento. Más adelante, la iglesia de Santa Rosa de Viterbo, la más bonita de la ciudad, pero "El Queretano" no pasa por ahí.

A su lado derecho, dice Janeth, el edificio de Bellas Artes, ahora de la Universidad Autónoma de Querétaro, antes lugar donde el presidente interino, Manuel de la Peña y Peña firmó los tratados donde Estados Unidos se quedó con casi la mitad del territorio mexicano porque era sólo desierto; estaba lleno de nopales y de indios. Pues, estaban tan lejos que para qué los queríamos.

Cuenta Janeth que de la Peña y Peña firmó los tratados, mientras Antonio López de Santa Anna cuidaba de sus gallos en su hacienda. Cosas curiosas de la historia de México y de Querétaro.

El "Queretano" regresa al camino; da un tumbo, dos, entra a la avenida Zaragoza, de las más transitadas; pasa por la Alameda Hidalgo, lugar de álamos, donde no hay álamos desde hace años, comentó la guía.

Los camiones de pasajeros rebasan al turibús, el humo se mete al "Queretano" y los paseantes tosen. Janeth, la guía de turistas, hace todo lo posible por contar la historia de la ciudad, pero el ruido de los autos sobre Zaragoza no lo permiten.

Es como ver un programa malo de televisión sin sonido. Mueve los labios, pero los turistas no escuchan, en cambio se contentan con ver a un trabajador, colgado de un edificio, limpiando vidrios sobre un cuarto piso por un sueldo que seguro no le alcanza para nada.

Emblema de la ciudad

"El Queretano" llega a Los Arcos, y los paseantes se enteran que la construcción es pura piedra y amalgama hecha con tierra del campo, agua, baba de nopal, clara de huevo y sangre de toro.

La baba es para darle consistencia, la sangre del toro para que no se cayera y los huevos…, bueno los huevos era porque había que echarle ganas a la construcción.

Los datos: El acueducto iba a costar 25 mil pesos oro, de los que no estaban devaluados, pero el presupuesto se elevó a 130 mil.

"El Queretano" llega al Panteón de los Queretanos Ilustres, donde descansa la mujer más importante en la historia del estado: Doña Josefa Ortiz de Domínguez y su marido, el Corregidor.

Son tumbas, algunas con restos; otra sin ellos, como el alcalde de Querétaro, durante la gesta de independencia, Don Epigmenio González, el mismo que llevó el mensaje de la Corregidora. Su estatua es la de un hombre martirizado.

El mayor descubrimiento está en las litografías de doña Josefa joven, en las que se le ve elegante y bella, nada que ver con la señora que aparecía en las monedas de centavos de las de antes.

Un monje con máscara de muerte recibe a los paseantes en la iglesia que sirve de museo en el panteón de los queretanos ilustres.

Janeth advierte: "Cuidado con el monje, no los vaya asustar". Viste de monje, pero no lo es. Fue un guía de turistas y ahora vende Cristos sacrificados en espinas y lo asusta a uno por un par de monedas.

La guía, dice que en ese lugar espantan, que se aparecen figuras de gente en el panteón, en la iglesia. Ya nadie quiere saber nada y ya hace hambre además.

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