Zoé bien vale una pulmonía

Vida Q 24/06/2014 00:15 Actualizada 10:22

Las cerca de cinco mil almas congregadas en la plaza Santa María, el sábado pasado, decidieron que ver y escuchar a Zoé bien valía el riesgo de contraer una pulmonía.

La agrupación originaria de Cuernavaca, Morelos, dio un concierto bajo una persistente lluvia, de ésas que mojan.

En las gradas, los asistentes se cubrían lo que podían, con plásticos de todos los colores. Más que público, parecían damnificados.

Dorian fue la banda que abrió el show, con una de esas preguntas que no se hacen “¿Cómo están todos? ”. “¡Bien mojados!”, gritaron cientos de gargantas.

El grupo originario de Barcelona dio una digna batalla bajo condiciones poco favorables. Se despidieron con su sencillo “Tormenta de arena”, y dejaron un buen y húmedo sabor de boca.

Reyno, otra banda, también estaba programada como parte del concierto, pero la lluvia en Querétaro no estaba para más complacencias y se saltaron ese detalle.

Pasaban las 10 de la noche cuando León Arregui apareció en el escenario con un suetercito de abuelito, ataviado como quien va a comprar al súper, medio informal, medio hipster y medio sin chiste.

La banda está de gira promocional con su quinto disco Programaton, y hace una semana presentaron el nuevo y tercer sencillo de este material, “Fin de semana”.

“Las letras de esta canción están llenas de simbolismo y añoranza por la presencia del objeto amoroso”, dijo Larregui a la prensa, con esa forma de decir las cosas, tan “simbólica”, que pocos entienden.

En realidad, el grupo lleva casi dos años sacudiendo emociones con su material discográfico Música de fondo, rematado con MTV Unplugged, que quedará para posteridad como el mejor momento de Zoé, en la historia de Zoé.

Empezaron a tocar dos temas del nuevo material discográfico y como que la cosa no prendió. Pero llegaron los temas archi-reconocidos y archi-tocados, y hasta del agua se olvidaron.

León cantó “Vía Láctea” abriendo los brazos hacia el cielo negro de la noche, como intentando un conjuro que nada más no funcionó.

Llegaron más temas identificables, canciones dedicadas a una tal “Paula” y una mentada “Poli”.

El rock-eléctrico de Zoé sonaba raro y bien, casi místico, bajo la llovizna queretana. En las gradas, los “daminificados” se empezaron a despojar de los plásticos y bailaban y cantaban, bajo la lluvia, como cuando eran pequeños y los llevaron, si es que los llevaron, a la fuente de un parque.

Otros, más atrevidos, chacotearon en el lodo que se formó en el ruedo, y saltaron en los charcos, sentían que estaban es su pequeño Woodstock de petatiux, su Avándaro región cuatro.

La lluvia iba y venía, renovando su furor, y a esas horas la plaza de toros La Santa María parecía más bien carabela y amenazaba con inundarse.

“Gracias por aguantar la lluvia”, dijo el vocalista. Era lo menos que podían recibir esas miles de almas mojadas que se arriesgaron a un pescar un gripón marca diablo.

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