El pasado martes se inauguró el Festival de la Joven Dramaturgia en el foro de usos múltiples del Museo de la Ciudad, así como la entrega del Premio Nacional de Dramaturgia “Manuel Herrera” 2018.

Al arribar al lugar, el staff del festival solicitaba que no nos sentáramos en las butacas cubiertas con cinta adhesiva, pues cada una de ellas correspondía a sendas goteras que empapaban luminarias, escenario, pasillos y asientos; dichas goteras fueron las verdaderas protagonistas de la noche. Ojalá sean intervenidas pronto o en su caso nos informen que es necesario llevar impermeable para poder disfrutar plenamente de los espectáculos en el lugar.

En el acto inaugural del festival estuvieron presentes Paulina Aguado Romero, secretaria de Cultura de Querétaro; Rodrigo Real Pérez, coordinador de Promoción de Festivales de la misma Secretaría de Cultura; Gabriel Hörner, director del Museo de la Ciudad (acompañado de su inseparable perrita Cañita); Imanol Martínez, director artístico del Festival de la Joven Dramaturgia; y Eurídice Isabella Coronado Lucio, originaria de San Luis Potosí y ganadora del premio “Manuel Herrera” 2018 por la obra “La piedad del asfalto”, firmado bajo el seudónimo ‘Niebla’. Por supuesto también asistieron como público un nutrido grupo de integrantes de la comunidad teatral de Querétaro.

“Se está abusando de la narraturgia”
“Se está abusando de la narraturgia”

Una vez hecha la entrega simbólica de los cien mil pesos correspondientes al premio, dio inicio la “lectura dramatizada”, dirigida por Mauricio Jiménez, que en realidad fue una lectura de atril; plana para mi gusto.

“La piedad del asfalto” nos ubica en una gran avenida, un cuarto en una vecindad en la Ciudad de México. Si bien comienza con diálogo, una conversación entre madre e hija, en pocos instantes toda la pieza da un giro y parece que estamos escuchando la lectura de un diario o de una novela; es decir, diálogos mínimos de personajes, sustituidos por largos soliloquios de recuerdos, anécdotas, pensamientos e incluso lo que debería ser una acotación, ya que la actriz- lectora contó al público su acción, “Pestañeé”.

Según el acta del jurado, misma que se dio a conocer el 10 de julio a través de las redes sociales de la Secretaría de Cultura, la decisión de otorgarle el premio a ‘Niebla’ fue unánime, porque coincidieron en que tiene una “estructura sólida, reflejada en un buen manejo del lenguaje escénico que, a través de un tratamiento poético, visibiliza a un sector abandonado de la sociedad”. El sector abandonado al que se refieren debe ser a los personajes que se dedican a la venta de droga.

Y tal vez lo de unánime no sea del todo cierto, porque la propia secretaria de cultura, Paulina Aguado, dijo que el jurado (integrado por Verónica Bujeiro Ortega, Haydee Raquel Boetto Bárcena, Boris Schoemann Zenoni y Rafael Mata Salinas), se sentó a deliberar dos horas para dar un resultado. Si ya habían leído las obras con antelación, al ser unánime, seguramente hubieran tardado unos cinco minutos.

Curiosamente hace algunos meses, cuando salió la convocatoria de este premio pensé que seguramente se lo darían a alguna obra que hablara sobre drogas u homicidios, eso le encanta a la gente; las historias de narcos, prostitutas o ladrones, violencia en general. Y sí, no me equivoqué, la obra habla sobre contrabando y venta de drogas y, spoiler alert, concluye con un homicidio. La madre mata a la hija que nunca ha querido dejando la llave del gas abierta. ¡Cuánta originalidad y poesía en este drama!

“Se está abusando de la narraturgia”
“Se está abusando de la narraturgia”

¿Será que hay algún dramaturgo joven en México que logre abordar otros temas?, ¿algo como una ficción que no sea común ver en noticieros ni diarios y que no tenga que ver con una sociedad decadente?

Al parecer es una tendencia en nuestro país, en el teatro contemporáneo, el de festivales, concursos y premios, se convierte en narrativa, rayando en terrenos que competen a la prosa y no al drama. Se está abusando del recurso de la narraturgia, es excesivo y agresivo, y aleja al actor de la búsqueda y construcción de un personaje y al público de poder entender una historia que luego, con todo derecho, podrá “narrar” a alguien más.

El actor deja de interpretar, para en su lugar, contarnos lo que el supuesto personaje vive o vivió en primera persona, y esta tendencia provoca que el actor no actúe, sino que relate. Tal vez haga falta crear un nuevo premio para la narraturgia y que el de dramaturgia premie un teatro mejor pensado y con un desarrollo real de los personajes.

Lamento haber caído yo mismo en la trampa anecdótica de los hechos de esa velada, tal vez el próximo año me anime a participar en el concurso, y espero que para entonces también se incluya como parte del premio un recurso económico para el debido montaje, porque muchas obras ganadoras de las ediciones pasadas ni siquiera han llegado a escena. Claro, tiene que ganar la mejor obra, no “la menos peor”.

*Actor de teatro y promotor cultural

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