17 / septiembre / 2021 | 21:29 hrs.

Fernando Rabell: "Crecí en el escenario"

El actor y bailarín está entregado a continuar con el legado del Corral de Comedias; y espera en este 2017 el estreno de la película Legionario

Fernando lleva en la sangre la pasión y vocación por la actuación (GONZALO IBAÑEZ. EL UNIVERSAL)
Espectáculos 14/03/2017 02:03 Rocío G. Benítez Actualizada 17:55

Su nombre es Fernando Rabell Mandujano y es nieto de Paco Rabell, pionero del teatro en Querétaro y fundador del Corral de Comedias. Fernando creció entre los escenarios y aunque estudió danza, el teatro rige su vida.

Actuar en Fuenteovejuna, Amigos hasta la muerte y más recientemente en Relatos borrachos, confirman su vocación. Sabe que está bajo la mira de su abuelo, su mayor crítico es él mismo.

El cine es otra de sus pasiones, se declara un “CINEadicto”. Ha colaborado en varios cortometrajes y está en espera del estreno en España de la película Legionario, obra del mexicano Eduardo H. Garza, en donde le tocó ser un talibán, “hubo efectos especiales con explosiones, tuve mi primera muerte en pantalla y toda la cosa”,

Espera en su carrera más proyectos de cine a nivel nacional e internacional, pero sin descuidar el legado del Corral de Comedias. “Planeamos sacar a la compañía, quizás realicemos algunas temporadas en otros foros de Querétaro y en la Ciudad de México, pero por ahora de eso no puedo hablar mucho”, asegura.

De lo que sí puede hablar, quedó registrada la siguiente charla que concedió a EL UNIVERSAL Querétaro.

Naciste en una familia de teatro y estudiaste danza, ¿en algún momento pensaste en dedicarte a alguna profesión lejos del escenario?

—Probablemente cuando era muy pequeño pensé en algún trabajo en el que todos piensan, veterinario o doctor… Pero desde la primaria sabía que quería ser actor.

Los Rabell son parte importante de la historia teatral de Querétaro. ¿Qué significa para ti ser un Rabell?

—Queriéndolo o no al dedicarme al teatro, como lo hizo gran parte de mi familia, sé que ya formo parte de la historia teatral del estado. Me enorgullece bastante que mis abuelos sean uno de los pilares más importantes del teatro en nuestro país. También es saber que puedo seguir creciendo profesionalmente en el lugar en el que nací y crecí. El Corral de Comedias es mi hogar y la compañía es mi familia.

Estás heredando papeles que han sido interpretados por tu abuelo Paco Rabell, ¿cuáles son y qué te dice tu abuelo cuando te ve interpretarlos?

—Por ahora han sido dos. Uno de sus papeles icónicos es el Diablo de la Pastorela de Enrique Delgado Fresán. Desde 2015 que supe que lo iba a interpretar yo, me mantuve algo reacio, como fue un papel que realizó mi abuelo por cerca de 33 años, yo no quería aceptarlo porque seguramente empezarían las comparaciones: que lo estuviera haciendo igual y en cierta medida lo estuviera imitando (cosa que era casi imposible evitar, ya que lo he visto hacer de Diablo durante 23 años) o que no lo hiciera como él. Finalmente creo que encontré un punto intermedio.

Otro personaje que interpretó mi abuelo —y además compartiendo escenario en el Corral de Comedias con Evita Muñoz Chachita—, es el Doctor Bradman “el hombre de las manos suaves”, según refiere Madame Arcati, de Un espíritu burlón, una comedia de Noël Coward de los años 40. El personaje aparece poco tiempo en escena junto con su esposa durante una sesión espiritista, que a pesar de ser cómica a los actores nos causa ciertos calosfríos.

Mi abuelo no suele decir mucho al respecto, pero suele dar señales de aprobación con los pulgares arriba.

¿Consejos que te ha dado tu abuelo?

—En el aspecto actoral no suele decir mucho. Únicamente pasa por camerinos diciendo: “¡Fibra!”, (supongo que por no decir el habitual “Mucha mierda” que todos los que están inmersos en el mundo del teatro conocen). Si acaso me pide en algunas ocasiones que mejore la dicción. Y su consejo de toda la vida: ¡Trabajar!

¿Y qué tan crítico eres contigo mismo?

—¡Mucho! Siempre me gusta cuidar los detalles y suelo ser muy perfeccionista en todos los aspectos, empezando desde luego por la puntualidad. Cuando me veo en alguna grabación, ya sea de obra o en alguna toma de cortometrajes, me sirvo de ella para corregirme a mí mismo.

¿Tú papá, Paco Rabell (hijo), qué consejos te ha dado para tu carrera teatral?

—Paco “Chico” creo que es igual que mi abuelo, no dice mucho. Siempre me han dejado hacer todo lo que quiero y al parecer ha funcionado, poco a poco y paso a paso he podido avanzar primero en el ámbito dancístico y luego en el teatral. Eso sí, tanto él como mi mamá son muy directos, cuando algo no les gusta me lo dicen.

¿Ya convenciste a tu padre para actuar juntos en una obra de teatro? ¿Cuál te gustaría?

—No se deja aún. Quizás porque no he encontrado un guión en el que podamos trabajar ambos, pero ya sea teatro o cine me gustaría que hiciéramos algo donde interpretemos a padre e hijo, o bien el mismo personaje en diferentes edades, ya que dicen que sí nos parecemos mucho. Con mi abuelo sí he trabajado, por ejemplo, en Se casó Tacho con Tencha la del ocho como su padre o su suegro, y ha sido toda una hazaña intentar verme mayor que él. También trabajé en un cortometraje: Lunes: calcetines verdes de Sofía Gallegos, haciendo precisamente de su nieto.

¿Del repertorio del Corral, alguna obra entrañable para ti?

—Quizás sean dos. Farsa y justicia del señor Corregidor de Alejandro Casona, ya que fue la única vez que miembros de la familia Rabell pisamos juntos el escenario, fue en la Muestra Estatal de Teatro 2009, durante el 50 aniversario de Cómicos de la Legua.

La otra es Se casó Tacho con Tencha la del ocho que se estrenó en el año 2000, cuando yo tenía nueve años, desde que empezamos estuve en ella, primero haciendo a Ramoncito, luego me fui a estudiar a Colima, regresé al Corral y estuve haciendo el mismo papel por un tiempo (¡14 años después!); luego empecé a hacer a don Plutarco, un viejito raboverde que me encanta interpretar.

¿Risas y aplausos durante la función, qué son para ti?

—La aprobación y deleite por parte del público.

¿Qué personajes te divierten más, los malos o los buenos?

—Todos son disfrutables y tienen lo suyo, aunque debo aceptar que siempre es un poquito más interesante hacer a algún villano.

¿Algún ritual antes de salir a escena? ¿Eres supersticioso?

—Ninguno, sólo ser puntual. O bueno, tal vez planchar el vestuario se ha vuelto una costumbre. ¿Supersticioso? ¡Nada!

¿Los sacrificios de ser actor?

—Convertirse en noctámbulo y tener que contestar a los amigos con el clásico: No puedo, tengo ensayo… No puedo, tengo función.

¿Te gustaría tomar el papel de director para algún proyecto teatral?

—En el futuro y quizás con teatro experimental. Por ahora me enfoco en la actuación.

¿Y tu carrera como bailarín en qué plano quedó?

—Ojalá pudiera seguir explotándola, pero el teatro ha absorbido mi tiempo completamente. Lo que quisiera por ahora, para no dejarlo, es al menos continuar entrenándome en ballet. Estoy dando clase, pero no es suficiente. Temo abandonar mi carrera de bailarín, pero por ahora quiero enfocarme de lleno en los nuevos proyectos del Corral de Comedias.

¿En tus sueños te ves en un escenario?

—Algunas veces. Tanto dormido como despierto. A veces me despierto diciendo diálogos de obras, creo que con eso podemos cerciorarnos que en todo momento estamos ensayando. Me encantaría actuar en los foros más importantes del país y del mundo… Y afortunadamente ya lo he hecho en algunos, en uno bailando: Teatro El Círculo, en Rosario, Argentina; en otro actuando: Teatro Municipal de Almagro, España. Crecí en el escenario, así que no me queda más que seguir soñando con él y convertirlo en una realidad.

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