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El barrio bravo, selva de asfalto

12/03/2014
12:01
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Aquí “las motos pitan dos veces y tienes que hacerte a un lado; los diablos te chiflan una vez y debes dejarlos pasar, no es que sean groseros, no es que quieran armar pleito, así son las cosas aquí en Tepito”, dice Raúl a la salida de la estación del metro tepiteño.

A las vivas y caminado rápido es como se debe emprender la visita al Safari. Las calles son agrestes, los decorados de las paredes coloridos y llenos de fe. Restos de bolsas, vendimias, antojitos y uno que otro gancho son los obstáculos que se tendrán que sortear en el camino.

“No se despeguen, si algo de la fayuca les llama la atención, déjenlo para luego, las fotitos serán para después, vivos, bien vivos”, agrega Raúl, el guía, quien camina a paso veloz .

De pronto se detiene y solicita a sus seguidores que se replieguen contra la pared. Así, se da el momento oportuno para comenzar a contar la historia de Martín El Power, que tras 15 años de vivir en silla de ruedas se ha convertido en uno de los personajes que en el barrio se conocen y respetan.

“Amor y control”

La primera parada del tour es la casa de El Power, un pequeño departamento en donde él, su hermana, su padre y su sobrino de tres años viven. El reducido espacio deja lugar para un altar, Jesús, la Virgen de Guadalupe, además de otros santos encuentran preponderancia. Al fondo está Martín cantando “Amor y control”, de Rubén Blades, uno de sus ídolos salseros que intentó enseñar a Raúl en sus 15 días de visita. “Nunca se aprendió ninguno”.

Los visitantes habrán de sentarse en unas sillitas alrededor de la recámara en donde una litera, clósets, medicinas e imágenes religiosas decoran el lugar. Martín y Raúl habrán de relatar sus historias de amor, de vicios, dolores, tristezas, enojos, reflexiones y más a los presentes, todo en el marco de una vida en el barrio bravo.

La representación dura varios minutos mientras los extraños se enteran de la vida de los nativos. Y para hacer la recorrido más entrañable, la familia ofrece un dulce postre, para mitigar la amarga historia de dolor, pero cuyo mensaje es la superación.

El recorrido habrá de continuar por las calles de Tepito y para vivirlo por completo un viaje por moto es vital. Entre automóviles, ejes viales, puestos, diableros, vendimias y otros elementos, los conductores demuestran su pericia y control del vehículo de dos ruedas que hacen llegar al siguiente escenario, mientras el intrépido visitante se aferra a la cintura de su conductor.

“Una mentada y un vaso de agua... “

El tour incluye caminar entre los mercados, puestos, productos, vendedores, entre la gente que lo mismo se te queda mirando, te ignora o te mienta la madre.

La segunda gran parada es el gimnasio, ese refugio de jóvenes luchadores no sólo físicos, sino los que también luchan contra sus demonios y adicciones.

“El administrador prefiere que sino pueden pagar sus 60 pesos sigan viniendo con tal de que esten alejados de los vicios”, dice el entrenador. Los extraños pueden subirse al ring para llenarse de la adrenalina que cientos de jóvenes han sudado en el gimnasio.

Para continuar con la segunda parte del safari, ya han pasado dos horas, es momento de intercambiar guía. Norma Angélica tiene por misión conducirte a La Fortaleza hogar de Las siete cabronas de Tepito.

“Siéntese bien”

Lourdes Reyes, “Reina del albur”, abre las puertas de su casa, e inmediatamente te invita a sentarte “en el palito”, o en una sillita.

Ahí su historia, su forma de vida cabrona y culera ha dado la oportunidad de convertirse en personaje digno de ver y escuchar. Su hogar, brillante y adornado de muñecas ponen el escenario perfecto para vivir las reacreaciones de su vida.

La Cabrona también te lleva a su iglesia, en donde le mentó la madre a Dios, por la muerte de su hermano. Para finalizar el recorrido la vista a un espacio deportivo en donde los guías motorizados hacen gala de un show “a la Pedro Infante”.

El Safari termina a las 22:00. Con el olor a Tepito, su folclore, su gente y sus ganas de resistir y vivir.